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Opinión | Dando la lata

Lo siento, me equivoqué

La dificultad de muchas personas para pedir perdón ante los errores

El tío se saltó el ceda el paso y no me accidenté contra él de puro milagro. Sobresalto, frenazo, volantazo y el inmediato impulso de retorcerle el pescuezo. Con nuestros vehículos separados por un par de centímetros busqué su cara para liberar sobre ella toda la presión ansiosa. Entonces, al bajar su ventanilla dejó al descubierto la palidez del que acaba de llevarse un susto bien gordo. "Lo siento, me equivoqué" dijo con voz entrecortada. Cuatro palabras que me desarmaron, que desactivaron toda mi furia, que provocaron que la sensatez retomara el control.

¿Por qué será que cometiendo los errores que cometemos nos cueste tanto reconocerlos y pedir perdón? El maldito sentido del orgullo nos lleva a externalizar siempre las culpas manteniéndonos en la estúpida ilusión de que somos infalibles.

Hoy le sucedió a él y mañana puedo ser yo el que meta la pata. Porque todos nos equivocamos, y más los que se creen perfectos, pues el error ya anida en sus propios cimientos.

Si parece ser que reconocer nuestras imperfecciones y la capacidad de pedir disculpas son signos de inteligencia, me temo que hay muchísimo tonto suelto que cree que nunca se equivoca, que siempre tiene razón, que todo lo hace bien y que si algo sale torcido nunca es responsabilidad suya. Y así nos va.

El otro día, una señora mayor -o sea, de mi edad- me dijo que tuvo el valor de recriminar a un fulano que "olvidaba" recoger el regalito que su perro había depositado sobre la acera. La respuesta fue un exabrupto -faltaría más- seguido del clásico "yo hago lo que me da la gana", una expresión que delata el birrioso intelecto del que la pronuncia. Ni un perdón, ni un me equivoqué. Un correazo en los lomos le vendría bien para comprender la improcedencia de abandonar según qué cosas sobre el suelo público. Porque, ante la falta de entendederas y la carencia de buena voluntad, a veces hay que recurrir a sistemas alternativos de razonamiento. Qué le vamos a hacer. 

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