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Opinión | A contracorriente

España, ¿una democracia fallida?

La compleja situación política, con numerosos casos de corrupción, que vive el país

A tenor de lo que está sucediendo en nuestro ruedo ibérico con una corrupción desbordada, enfrentamiento entre partidos, mala praxis política y feroces desprecios del gobierno a la justicia, tal parece que la Democracia se tambalea y se encuentra en unos momentos delicados. Algunos hablan de autocracia por la manera de actuar del presidente Pedro Sánchez con excesivas ínfulas de gestor totalitario apoyado por grupúsculos que van más a sus intereses personales que a contribuir a engrandecer a un país envuelto en sus miedos y a sufrir en silencio los embates de políticos poco comprometidos con la causa española de su raíz histórica. 

Vivimos tiempos extraños donde todo vale, todo está permitido, leyes en debilidad, mediocridad televisiva, inconsciencia de entendimiento, juicios de telenovela, padres de la patria sin respeto al adversario, insultos parlamentarios, despropósitos con la inmigración, una política exterior con pocos visos de futuro, una deuda pública imposible, paro notable y una cesta de la compra cada día más compleja por los precios al alza y unos salarios muy ajustados. No quiero ser cenizo, pero la realidad es terca y se toca con los cinco dedos de la mano. Se observa en la calle por mucho que veamos los restaurantes y casas de comidas a rebosar y los centros comerciales animados en ocasiones y días. Se está viviendo por encima de las posibilidades de cada habitante, la inflación nos ahoga, los impuestos asustan al gobernado y los gestores cumplen con su deber intentando que el aparato burocrático no se desmorone. Hacienda cada día recauda más y las infraestructuras viarias y ferroviarias piden a gritos una revisión a fondo con reformas directas y eficientes. Los dineros públicos se malgastan sin una gestión operativa exigente y armónica, no hay equidad autonómica en materia económica y todo se lleva a cabo por real decreto con los presupuestos sin aprobar desde hace años y tira millas… Hace tiempo el buen escritor Javier Cercas pedía públicamente en una revista semanal una rebelión cívica ante los disparates gubernamentales en su acción ejecutiva. La blanda oposición, muy cainita con los suyos, demandaba asimismo al Gobierno central más sentido común y trabajar con entusiasmo por el bien de una ciudadanía cansada con sus ejecutivos.

Con todo esto, la Democracia está aburrida y desganada. Necesita dosis de ánimo y grandeza. Me gustaría ante esta circunstancia y como por arte de magia contar en el Congreso de los Diputados con personajes de la talla de Séneca, Cicerón, Montesquieu, Andrés de Vandelvira, Cervantes, Quevedo, el Gran Capitán, Mariano José de Larra, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Armando Palacio Valdés, Clarín, Clara Campoamor y en este tiempo el aguerrido y patriota periodista Arturo Pérez Reverte… para acercar con sus manifestaciones palabras de aliento y sensatez en aras de alcanzar el orgullo perdido y apuntar que España, a pesar de tanta convulsión política y social, es un gran país.

Y al hilo de estas palabras, el caso Zapatero sujeto a un auto judicial por presuntos delitos de tráfico de influencias y otras circunstancias relacionadas con el gobierno venezolano de Maduro en turbios negocios de tintes geopolíticos pone de nuevo a la Democracia en un callejón sin salida. Tiempos de zozobra en una España envuelta en su tristeza e indignación.

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