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Opinión | Dando la lata

Conejeras

La venta y alquiler de viviendas de unos pocos metros cuadrados en las grandes ciudades a precio de oro

A ver, me parece intolerable que se pueda negociar legalmente la venta y el alquiler de viviendas de poco más de 10 metros cuadrados, como está sucediendo actualmente en el centro de las grandes ciudades españolas, donde se trocean los inmuebles, tanto pisos como locales, con el fin de multiplicar los beneficios. Y de un apartamento normalito ahora se saca un par de conejeras a precio de oro. Esta práctica debería ser considerada delictiva en vez de consentida en un “Estado social y democrático de Derecho”, como dice la Constitución, un texto que, me temo, va quedando como simple elemento ornamental. Somos seres humanos, no gallinas ponedoras. Es intolerable que se consienta un negocio especulativo cuyo fundamento es el hacinamiento hasta lograr que un trozo de terreno valga más que una vida.

Más de la mitad de la población española se amontona en el diez por ciento del territorio porque, con su astucia habitual, los poderes públicos llevan mucho tiempo trabajando denodadamente para destruir el futuro de la España rural, empujando, así, a los que estamos y a los que vienen, hacia esos brillantes faros de porvenir que son -o que creen que son- las ciudades. En consecuencia, pudiendo vivir razonablemente bien, con espacio de sobra, aire limpio, precios contenidos y tiempo para disfrutar en vez de perderlo de atasco en atasco, los sabios pastores conducen el rebaño hacia la urbe, condenándolo a una existencia precaria como seres enjaulados, privados de intimidad, sin apenas espacio para abrir los brazos. En definitiva, un atentado contra los derechos humanos.

Hemos alcanzado tal grado de irracionalidad que llegaremos a tener un coche más grande que el piso. Un R12 era una amplia berlina que hoy, aparcada junto a un Mini moderno, parece de juguete. Sin embargo, la familia del R12 tenía una vivienda de buen tamaño y a un precio asumible. Hoy, el dueño del Mini está pagando un dineral, que lo tiene asfixiado, por malvivir en una caja de zapatos que jamás merecería la consideración de vivienda. Un crimen de Estado.

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