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Opinión | Ventana indiscreta

Miasmas en las manos

El rearme ético como camino para recuperar la credibilidad y la confianza en la política

"En el apretón de manos con que los políticos cierran algún pacto (...) Más bien se trata de un intercambio de miasmas que en las manos sucias forman un nudo muy oscuro". La frase, es de Manuel Vicent, en un artículo titulado “ Las manos sucias”, en el 2019.  En mi opinión, lo que emana la frase, aquí y ahora, en España, es de un significado abrumador: se dan las manos y las puñetas.

La relación entre política, justicia y ética es muy estrecha y debatida hasta el infinito tanto que lejos de solucionarse se encona por quienes desde su particular poder se mueven en el eje ética/política. Sin embargo, el pueblo espera que los representantes públicos  y la justicia tengan de su quehacer una concepción íntegra y hagan de la misma, si no un paraíso, sí al menos no defequen sobre su concepción de la misma. Vana espera, tal vez.

Desde antiguo, la filosofía  señala que el ejercicio de la cosa pública, es decir, de la política, y de la justicia deben de estar apoyadas en la ética. Entendiendo por tal la dignificación propia en las relaciones con el ser humano en la sociedad.

La gente, dicho en román paladino, no es tonta; se da cuenta cómo el engaño y la mendacidad de quienes detentan el poder –unos más que otros- hacen de él  un arma de destrucción de las instituciones, como está ocurriendo actualmente en la política española, por “los que tienen que hacer y hacen”. Es lamentable que dentro de algunos partidos políticos e instituciones, sea la corrupción su bandera de gobierno. No todo está corrompido, es verdad y hay que decirlo. Aun, con la intranquilidad y zozobra que producen situaciones políticas, como las vividas últimamente en nuestro país, la ciudadanía reclama la ética, como la base de la confianza y credibilidad, para que el “monte político” esté limpio, no se incendie y pueda ser cultivable.

El camino de un rearme ético y un compromiso moral que sea transitable para llevar, sin accidentes ni pinchazos nuestro sistema democrático, tiene que estar asfaltado de ética, con un enorme semáforo rojo que prohíba circular con la matrícula falsa a espurios personajes que solo marcan los intereses de partido y de ellos mismos, que suelen ser poco escrupulosos. Un camino, que está siendo dinamitado estos días o intentado explosionarlo para la democracia. Unas manos sucias y puñetas, manejan el tráfico del posible rearme ético, para desviarlo de su meta y así lograr el atajo hacia la corrupción y la mentira. Con “el desplazamiento del actual gobierno”

La única base de una relación aceptable y deseable, en el eje ética/política es el respeto al otro, a la ciudadanía. Es el reconocimiento del pueblo, como sujeto de derechos. Reconocer la dignidad del otro es reconocer a este como un igual, como uno mismo, con una dignidad propia.

Cuando Primo Levi, aún cuestionado por quienes niegan el Holocausto, describe en su estremecedor relato "Si esto es un hombre..." la manera cómo los nazis iban despojando de su humanidad a los prisioneros en sus campos de exterminio, podemos ver su reverso extremo: privar a las personas de cualquier resto de dignidad. No es una cuestión de valores, de principios o de normas, que también, pero sobre todo es una cuestión de actitud que tenemos hacia el otro. No utilizar al otro como un medio, en palabras de Kant.

Cuando los políticos y el campo de la justicia deciden y plantean leyes en función del beneficio de unos pocos, sin tener en cuenta las consecuencias que tiene para los otros, los están tratando como un número, como una cosa. También, cuando desde sectores de  la política y de la justicia se miente, se calumnia y se hace de la palabra un juego ambiguo y manipulador, se está desposeyendo a la persona de su “ser humano”, animalizándola, ignorando su ser racional, para posteriormente manipularla. Esto está ocurriendo, aquí y ahora, en España. Tampoco hay reconocimiento, tampoco hay respeto.

Resistir, pues, las agresiones de quienes representan, en el amplio espectro de las instituciones, el paso depredador, creando espacios democráticos y de libertad, transformando las instituciones,  es el capital ético y político que nos dará una salida contra la voracidad de algunas élites políticas y de la justicia. En las que no hay ni ética, ni moral, ni política. 

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