Opinión
Verano del 65, pop y desarrollismo “playu” con sabor a carbón
La estrecha relación histórica entre las Cuencas y Gijón, tanto en materia económica como cultural
En la década de los sesenta del siglo XX El Musel (Xixón) presentaba elevados niveles de congestión ante la alta demanda de importaciones de materias primas (hierro y carbón) de la siderurgia asturiana. Uninsa y Ensidesa requerían considerables cantidades de dichas materias primas y las sucesivas ampliaciones del puerto gijonés -descartado para estos menesteres el de Avilés- cubrían a trompicones -entiéndase ampliaciones- tales exigencias corporativas.
Por su parte, la centenaria conexión Les Cuenques-Xixón por donde discurría el preciado “oro” negro para las acerías y las exportaciones veía languidecer sus magnitudes conforme avanzaban las últimas décadas del siglo. La gloriosa época de la autarquía -inclúyase también el período de la primera guerra mundial y el del “auxilio” primorriverista- constituía un pasado que ya no reverdecería para estas lides. El ferrocarril principalmente, ante las limitaciones de las vías de comunicación terrestre -con la “Carretera Carbonera” como troncal emblema- fue la infraestructura clave por la que transportar el valioso mineral, a la sazón el imprescindible combustible del proceso industrializador asturiano desde sus inicios (siglos XVIII y XIX) hasta su suplantación por el petróleo y sus derivados (años 60 y 70 del siglo XX).
Pero como en todo proceso histórico siempre quedan rescoldos, que de manera directa o indirecta, y más o menos intensamente, dejan constancia de su pasado, en este caso del insigne de las cuencas mineras y su papel de abastecedoras de carbón para la venta allende nuestras “locales” fronteras. Y así fue como en el verano de 1965 entre anuncios de camisas Ike -para “los hombres modernos”-, blusas Sincos -¡”Diferente”!-, cremas Visnú-“Ideal para el cutis”-, instituto de belleza Ysbel -“Adelgazamiento por aeromasoterapia”- en el veraniego porfolio que patrocinaba la Comisión de Turismo, Deportes y Festejos del “Ilustre Ayuntamiento de Gijón” el carbón hacía acusadamente acto de presencia con publicidad de “ilustres” empresas mineras: Duro Felguera, Sociedad Anónima Felgueroso, S.A. Minas de Langreo y Siero, Aníbal Cuetos -“suministros a vapores pesqueros y usos domésticos”-, Jesús Varela y Cª -“Carbones y consignatario de buques- o la misma Sociedad Industrial Asturiana “Santa Bárbara” con cok y subproductos -añádase sus trasformados metálicos- y “Minas de Carbón en Moreda”.

Una imagen publicitaria de empresas mineras en Gijón. / Cedida a LNE
El carbón comenzaba a ver reducida su disposición en el componente, y en la “dieta”, del sector industrial astur, pero todavía era un atrayente negocio, en algunos casos con testimoniales márgenes aun manteniendo a la postre aceptables beneficios para unos industriales con un ojo puesto en las subvenciones y otro en los movimientos gubernativos del Régimen en pos de la reclamada -privatizar ganancias/socializar pérdidas- nacionalización. Hunosa se barruntaba en el horizonte cual prodigiosa salvadora de los males económicos y sociales de los concejos carboneros.
Entre tanto, el desarrollismo gijonés se acompañaba de los modernos ritmos, también adjetivados como música “ligera” o de “variedades”, junto a otros más tradicionales. "Teita", "Bob Destiny", "Los Delfines", Antonio Molina, "Los HH", "Los Españoles", Rosalía, Gelu, Raphael, Franciska, Jaime Morey, Rosa Morena, Lorenzo González y su Gran Orquesta, Alcino de Araujo, "Los Yorsy´s", "Casa Blanca y Conjunto Los Llanos", "La Brise D´Anjou", "Los A-2", "Los Tréboles"…, son sólo una pálida muestra de la relación de intérpretes y formaciones musicales que la iniciativa pública, y en mayor medida privada, trajeron a Xixón en el verano de 1965. Toda una declaración de intenciones de quienes apostaban sin tapujos por brindar lo más reconocible de la bancada artística como perfecto, y atractivo, complemento de la festiva programación.
Xixón, epicentro del verano, con la playa de San Lorenzo como incuestionable reclamo, llevaba décadas fraguando su compleja trama urbana -netamente especulativa en la década de los sesenta- para ser el espacio receptor de los sufridos obreros de la región -un nada desdeñable número de ellos provenientes de las cuencas mineras conforme se fue produciendo la “deslocalización” de la siderurgia- en búsqueda del deseado cubículo habitacional, y por supuesto, del merecido, asueto estival. En este último caso, la oferta de ocio iba encaminada a conseguir la maximización pecuniaria de este operativo.
La “estaya” filarmónica no dejaba dudas al respecto del contenido de su menú para tal cometido: el pop en su amplia acepción comercial, los intérpretes melódicos -siempre una apuesta segura-, el folklore más o menos racializado, las orquestas y su heterogéneo, y completo, repertorio, el orbe latino…, conformando la banda sonora de los festejos gijoneses del verano de 1965. Entramado sónico que “armonizaba” la promoción comercial de los vestigios del ya en decadencia -siempre contó con apoyo institucional en verdad- “sobresaliente” pasado hullero de “les Cuenques” con el “Xixón moderno” diseñado a base de “rascacielos”, industria pesada y con “El tráfico rodado” como un “aliciente más en la época estival gijonesa”. Irónico, pero no menos descarnado, ejemplo de la estrecha relación entre la colonización/expoliación de un territorio y la traslación de esta praxis al “causante” a la búsqueda de nuevas “conquistas” crematísticas. Así se pasó del “Que Gijón iba a vivir de las cuencas mineras ya lo había anticipado el mismo Jovino” (Germán Ojeda dixit) al Xixón como goloso lugar de canicular esparcimiento -a modo de aluviónico terreno- para toda Asturies y las cuencas mineras en particular. La reconversión del naval y de la siderurgia sería un capítulo al que le quedaban unos cuantos penosos renglones por escribir en la laureada década de “la movida”.
Aunque había quien en esta época, con una “envidiable” visión de futuro, desde siempre lo había tenía muy claro: Duro-Felguera hacía gala de una flota compuesta “por los siguientes buques”: Ciaño-Valentin R Senén-Mosquitera-Antonio Lucio- Carlos Tartiere-Sama-Llodio-San Mamés y Barredos. Domicilio Social: Madrid. Y es que como en 1965 seguía promocionando sus sábanas bajo el lema “duran la vida entera” -ilusoria política de marketing que el capitalismo de consumo se encargaría de laminar- la extinta fábrica del barrio de La Calzada “La Algodonera”, la mercantil langreana sostenía, todavía lo hace, sus prácticas “ad aeternum” de rapiña empresarial. De todas formas, y puesto que la esperanza es lo último que se pierde, como en 2003, con el mantra del ska, cantaban "La Tarrancha": “Que´l carbón nun nos dexe ciegues /nin la salitre de la mar/ Que seyamos a faer mas veces/ l´amor y la revolución”. Por ahora, pendiente designio que las sucesivas etapas del capitalismo desarrollas en Asturies, y en Xixón en particular, se han encargado, hasta la actualidad, de abortar.
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Javier Antuña es coleccionista de música asturiana
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