Opinión | Velando el fuego
Cajas registradoras y universidades privadas
El próspero negocio de la educación superior, entidades impulsadas por bancos y fondos de inversión
Hay bucles musicales que van creando distintos sonidos, en unos casos cercanos a la ficción y en otros incardinados absolutamente en la realidad. Entre algunos fragmentos sincronizados, más o menos complejos (sintetizadores, teclados, pedales…)ha sido "Pink Floyd", la banda de rock británica, tan exitosa e influyente en la historia de la música popular, quien ha armado una de las la propuestas más rigurosas.
Su canción “Money, nos muestra cómo el dinero y los árboles que le sirven de acompañante, acaban corrompiendo la perspectiva y los ideales de las personas. Para ello, se sirvió del característico sonido de las cajas registradoras cuando se van abriendo. Pinceladas de ironía que se simultanean a todo lo largo de la pieza y que reflejan, de un modo inequívoco, la crítica al sistema capitalista en general. .
Nunca sabremos si ya por aquellos tiempos, 1973, los componentes del grupo eran conscientes de que las universidades privadas acabarían apareciendo en nuestro álbum social, o si más bien fueron estas las que, movidas por la envidia de las monedas y billetes que se apretaban dentro de las cajas registradoras, decidieron emular al grupo británico. Mas, sea cual fuera el motivo, no parece haber dudas de que las universidades privadas se han convertido en un próspero negocio, impulsadas por fondos de inversión, bancos y grandes agrupaciones educativas.
“La educación es un derecho, no un negocio ni un privilegio para quien pueda pagarlo”. Estas palabras fueron pronunciadas hace unos días, en la Escuela de Verano Anita Sirgo, por la secretaria general de la sección sindical de CCOO en la Universidad de Oviedo, Ángeles Fal. Al tiempo, el sindicato anunció un nuevo contencioso contra las universidades privadas, esta vez en contra de la Europea, tras los anteriores dirigidos a la Nebrija y la Alfonso X el Sabio.
Al modo en que los más afamados escaladores van acercándose a las cimas más altas, las universidades privadas han llegado ya al Everest de la educación superior. Cuerdas y piolets financieros de alta gama no les faltan, así que no resulta extraño que estén alcanzando mareantes alturas, visto que los fondos de inversión han centrado su atención ellas (es uno de los pocos sectores que ahora mismo ofrece rentabilidades superiores el 10% anual). Administran con gran pericia el uso del oxígeno, tanto como ayuda indispensable para sostener su propio ritmo de subida, como también para negárselo a la universidad pública, dado que necesitan de un proceso de depauperación de esta, de una devaluación que la acabe retirando de la cordada.
Los contenciosos de CC OO contra las universidades privadas guardan estrecha relación con un ascensor social que está fuera de servicio. La cuna gana terreno al mérito. Basta con fijarse en un reciente informe de la OCDE. “Tener y no tener. Cómo superar la brecha de oportunidades”, donde se afirma que el género, el lugar de nacimiento de los padres y, sobre todo, el origen socioeconómico determinan, en buena medida, esa desigualdad de oportunidades.
Esta situación pone en serie peligro los valores democráticos. Cuando los jóvenes dejan de creer en la meritocracia, pues saben que por mucho que se esfuercen hay siempre barreras que les impedirán llevar a cabo sus sueños, terminan desconfiando del sistema. (Las tasas de matrícula aún son asumibles, pero después, en muchos casos, hay que pagarse la manutención, buscarse una vivienda, que en las grandes ciudades tiene precios prohibitivos y, finalmente, costearse un máster)...
Ese cambio del motor eléctrico satisface la filosofía de las universidades privadas. No pretenden, en absoluto, arreglar el ascensor social, sino que, por el contrario, su polea principal actúa como un mecanismo de consolidación de privilegios.
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