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Opinión | Dando la lata

Fuego

Un grave problema que se repite

La calamidad que se sucede verano tras verano deja claro que si la Península Ibérica tiene un enemigo declarado, letal y cada vez más poderoso, es el fuego. Por las causas que sean, seguramente diversas, naturales y artificiales, casuales e intencionadas, los incendios forestales se multiplican en número, extensión y gravedad. Y da la impresión de que nos enfrentamos a ellos como hormigas contra un dragón.

Vivimos rodeados de amenazas que pueden ser más o menos ciertas y peligrosas. Nos podría bombardear Rusia, nos podría atacar Marruecos tras completar el proceso de invasión gota a gota, podríamos caer bajo la dominación económica china, España podría desertificarse como consecuencia del calentamiento global, la franja costera podría quedar sumergida por la subida del nivel del mar… En definitiva, nos podría suceder mucho, variado y todo muy chungo. Pero eso, podría. Pero lo que ya es, lo que ya nos pasa continuamente es la destrucción de las masas boscosas, imprescindibles para que podamos respirar, y la condena de muerte de sus poblaciones. El fuego nos declaró la guerra y como no nos defendamos seremos derrotados tras un tenaz y despiadado proceso de calcinamiento de la península que nos alberga.

Me parece que la actual diseminación de políticas y medios, repartidos entre muchas y variadas administraciones, entorpece la toma racional de decisiones sobre criterios científicos y técnicos, debilita la capacidad de combate. Un ejército unido y organizado bajo un mando único con visión de conjunto y estrategia global se ha demostrado más efectivo que el enfrentamiento descoordinado, haciendo cada uno la guerra por su cuenta.

Hemos de aprender de las tierras que saben cómo mantener el fuego bajo control, qué hacen para evitar el riesgo, cómo se anticipan, cómo vigilan. Los episodios de calor extremo están haciéndose habituales y prolongados, los rigores veraniegos se extienden a las estaciones contiguas y el clima se manifiesta furioso con mayor frecuencia. Y mientras nosotros buscamos peligros y enemigos, potenciales e inventados, no acabamos de tomarnos en serio que el fuego nos ha declarado la guerra.

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