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Las opciones menores abandonaron la centralidad para buscar su caladero en aguas radicalizadas

Yo voté a UCD, y poco después, desde dentro demolieron el partido, que acabó desapareciendo. Y siguiendo a Adolfo Suárez, al que consideré valiente, competente y bien intencionado, voté al CDS. Entonces, Suárez comenzó a hacer cosas raras, el centro ideológico quedó maniatado entre la izquierda y la derecha y, para colmo de males, en la silla del inolvidable presidente acabó sentándose Mario Conde. Calamidad absoluta. Hallé refugio en UPyD, a la que voté con entusiasmo. Acto seguido, Rosa Díez sufrió un brote de “el partido soy yo”, las fecundas cabezas pensantes se alejaron y la formación se desintegró. Doblemente abandonado y defraudado, recuperé un halo de esperanza gracias a aquel Ciudadanos indómito, resistente, que denunciaba la degeneración criminal de la política en Cataluña, altavoz de españoles no nacionalistas, que logró la machada de ganar las elecciones autonómicas catalanas para, súbitamente, abandonar la tierra reconquistada y huir en busca de sillón y moqueta en Madrid. Y, de ahí, a la nada.

Llevo toda mi vida democrática votando a formaciones que desaparecen, que en la tesitura de hacerse importantes se disuelven como azucarillos en el agua. Desde mis comienzos como elector, decidí que jamás me dejaría seducir por la mafia, roja o azul, y que mi papeleta iría siempre para los que buscan paz, libertad, entendimiento, justicia y progreso. Pero cada opción que tomé acabó desvaneciéndose a causa de luchas intestinas, personalismos y, no lo perdamos de vista, la presión mafiosa.

Hoy esas opciones políticas centristas, demócratas, europeístas, progresistas y enfrentadas a la casta mafiosa que, como la sanguijuela, desangra a nuestro país, ya no existen. Las opciones menores abandonaron la centralidad para buscar los caladeros de votos en aguas radicalizadas. Ese no es mi sitio. De hecho, no tengo sitio.

Pero, mientras llega la siguiente secuencia de elecciones, ya he recibido alguna sugerencia. La última, con cierta guasa. Decía así: “Tú que creíste en Adolfo Suárez, en Rosa Díez, en Albert Rivera e Inés Arrimadas, por favor, vota a Pedro Sánchez. A ver si sigue el mismo camino”.  

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