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Opinión | Dando la lata

El vecino del sur

La actitud de Marruecos tras el último asalto a Ceuta

Hace mucho tiempo que Marruecos nos tiene tomada la medida. Ya con la Marcha Verde, aprovechando que Franco y su régimen estiraban la pata, el vecino del sur organizó una "espontánea" reivindicación popular para apropiarse del Sahara occidental. España, débil y aislada, temiendo meterse en un fregado gordo en un momento muy inoportuno -para nosotros - se rindió, abandonando a su suerte al pueblo saharaui. Desde entonces, el poder marroquí nos observa, nos espía, apuntando unas flaquezas provenientes de la desunión, las tensiones internas e intereses miserables, pudiendo comprobar que, si algo caracteriza al pueblo español es su tenacidad en el propósito autodestructivo.

Y de esa debilidad se deduce la creciente capacidad marroquí para tocarnos las gónadas y hacernos doblar la rodilla. Hoy te apreso un pesquero, mañana te incordio con lo de Canarias mientras finjo no ver los cayucos y las narcolanchas. Y, llegados en incesante goteo, dos millones de los suyos ya están en España, lo que complica sobremanera que podamos pararle los pies a un Estado envalentonado al que los derechos humanos, la legalidad internacional y la historia le traen al pairo. Dos millones, de los cuales la gran mayoría es buena gente que únicamente busca una vida digna, pero entre los que se han colado indeseables, yihadistas y, también, una quinta columna que afianza el poder marroquí dentro de nuestro país.

Al vecino del sur le importa un bledo que se ahoguen sesenta almas en el penúltimo pulso que nos acaba de echar, lanzando a decenas de miles de individuos sobre Ceuta. Es su forma de decirnos que, cuando quieran, nos expulsan de allí. Cuando les dé la gana. Y, entre tanto, estrechan lazos con americanos e israelíes, con los que España mantiene tiranteces, como antes hizo con los franceses cuando éstos disfrutaban haciéndonos la puñeta.

El poder político marroquí es listo, sigiloso y malintencionado. Para mantenerlo en calma siempre hay que pagar costosos peajes. Pero a las malas, el vecino del sur es un enemigo fuerte y peligroso, que puede causarnos mucho daño.

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