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Opinión | Dando la lata

Reciprocidad

Sobre la emigración española y la llegada de inmigrantes

Pregunto: ¿Sabemos si los españoles, cuando emigran, lo hacen con intención criminal, en estructuras organizadas, determinados a delinquir allá donde recalen? A mí no me suena, ni antes ni en la actualidad. Únicamente me vienen a la memoria el narco gallego como distribuidor de cocaína por Europa y los etarras que, en plena desesperación, cometieron el error de abrir fuego en Francia, su hasta entonces dulce hogar de acogida.

Pero no oí hablar de manadas de violadores, butroneros, mafias, atracadores, estafadores, terroristas españoles en el extranjero. Porque aquí, además de a gente de bien, estamos dando cobijo a multitud de fulanos, fundamentalmente varones, pertenecientes a grupos, clanes, bandas, o lo que sea, criminales que actúan en España, no en sus países de origen.

Pero los españoles vamos por el mundo como tontos de baba: no le damos el tirón a una anciana rumana, no ocupamos chalés en el Mar Negro, no atracamos bancos kosovares, no asaltamos en grupo a las mujeres de Marrakech, no traficamos en Albania, no le robamos el reloj a un georgiano, no desvalijamos una casa de Moscú, no secuestramos a nuestras jóvenes para venderlas en Nigeria, no movemos la droga en Méjico ni nos constituimos en maras en Centroamérica.

Digo yo que lo justo sería aplicar cierta reciprocidad. Por ejemplo, si el ejército español se dejó la vida en Bosnia y Kosovo para proteger a la población, ¿por qué nos pagan mandándonos grupos paramilitares que no dejan joyería sin saquear? O, más sangrante aún: ¿qué envía España a la República Dominicana? A Julio Iglesias, turistas a porrillo que se pegan una paliza de avión para despanzurrarse en una playa y ponerse ciegos de ron, e ilustres socialistas ávidos de vivir como, precisamente, el inefable Julio. Pero en los vuelos de regreso se nos cuelan alfiles y peones de bandas dedicadas al tráfico de droga y a la explotación de mujeres. Injusto a todas luces. Lo suyo es que cada uno aguante a sus chorizos. O exportemos a los nuestros para que delincan lejos, como hace Marruecos.

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