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¿Dónde estabas entonces...

... cuando tanto te necesité?", cantó "El Último de la Fila", y eso mismo te pregunto ahora al verte tan envalentonado y cargado de razón, tan ardientemente deseoso de una justicia implacable que los aplaste. Hoy, con el árbol caído, te atreves a levantar la voz, pero durante los 40 años de dominación del SOMA de Villa, callaste, como casi todo el mundo aquí. Y a los poquitos que osaron cuestionar el férreo régimen villista, los abandonaste, ni mu, cuando padecieron las consecuencias de su valentía. Hoy, con el todopoderoso líder demenciado y algún mozo de espadas apuntando hacia chirona, te crees muy bravo por hacer lo que tenías que haber hecho en aquellos años de opresión. ¿Dónde estabas entonces?

Que el SOMA lideró una lucha de la que salió victorioso, doblándole la rodilla al Estado, es indiscutible. Y las ventajas que aquel éxito trajo para los empleados de la minería pública asturiana, incuestionables. Y sin una personalidad como Villa me parece que el resultado no habría sido el mismo. Bien, pero el salto del sindicalismo al dominio político absoluto de las cuencas mineras y, en buena medida, de Asturias fue una calamidad, agravada, además, por el enfermizo control y por unas maneras nada democráticas con las que se impuso de hecho un régimen autoritario.

Recuerdo que a mi vuelta en el 94 me encontré con una sociedad civil dominada y temerosa, incapaz de cuestionar a Villa y su bigotuda y malencarada guardia de corps. Lo que dijera el SOMA y punto, aunque fueran disparates, que abundaron. Entonces no abriste la boca.

Hoy en nuestras cuencas se perciben dos reacciones bastante peculiares: los que aseguran estar dispuestos a comerse por una pata a Villa, Postigo y los demás, y los que experimentaron un sorprendente fenómeno de amnesia, a los que sólo les falta preguntar que quiénes son esos tipos. Si a partir de noviembre del 75 España se llenó de antifranquistas, desde hace un tiempo no cesan de brotar los antivillistas en nuestras calles. A buenas horas.

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