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Opinión | Obituario

 A la memoria de mi buen amigo Antonio Bernardo Sirgo

Fallecido a los 91 años, el ingeniero fue director general y consejero delegado de Duro Felguera

Conocí a Antonio Bernardo Sirgo a través de su esposa Carmen Cobertera, entonces profesora y compañera en el Instituto Jerónimo González de Sama. Profesora muy respetada y valorada y artista de gran talento, con exposiciones de su original obra pictórica en distintas ciudades españolas y de Portugal.

Por Antonio tuve acceso al archivo de Duro Felguera, muy difícil de consultar en aquellos años. Su colaboración fue decisiva para perfilar documentalmente la biografía de Pedro Duro.

Mantuvimos después una larga amistad, con frecuentes encuentros y parrafadas telefónicas. Era un buen conversador. Nada de lo humano le era ajeno. Y entre lo humano eran muy frecuentes entre nosotros apasionados debates futbolísticos.

Como ingeniero y director general de Duro Felguera, sobresalía por sus dotes organizativas y tenía además muy clara la dimensión social que le correspondía a toda gran empresa.

Y por su arraigo personal y laboral en el concejo, en 2001 fue distinguido con el título de Hijo Adoptivo por el Ayuntamiento de Langreo.

Perder un amigo deja siempre una profunda y muy dolorosa huella sentimental. De fuerte carácter y firmes convicciones éticas, siempre recordaré a mi buen amigo Antonio como una persona en la que siempre se podía confiar.

Por último, quiero expresar desde aquí mis más sentidas condolencias a su esposa Carmen, a sus hijos Cecilia, Rafael, Pablo, Antonio y Mateo, así como a sus siete nietos y demás familiares.

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