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Los orígenes de una empresa global

Los inicios de la fábrica siderúrgica levantada por Pedro Duro y el regreso de la compañía a Langreo

En 1857 llegaba a Langreo Pedro Duro Benito (1810-1886). Era viudo y le acompañaba una hija de corta edad. Nacido en el pueblo riojano de Brieva, siendo adolescente emigró a Madrid, donde fue tendero, banquero, cobrador de impuestos y agente de Cambio y Bolsa. Antes de afincarse en La Felguera había recorrido media España buscando un lugar idóneo para instalar una factoría siderúrgica.

Y fue en la comarca del Nalón donde encontró carbón de calidad, agua abundante y campesinos curtidos en el trabajo del campo y en las obras civiles. Campesinos que serán luego los indispensables "soldados de la industria". Había también una carretera carbonera y un flamante ferrocarril que conducían al mar. Y estar cerca del mar era entonces como estar cerca del mundo.

Para reclutar trabajadores, Pedro Duro recorrió en pocas semanas una miríada caseríos, aldeas y lugares de Langreo y concejos vecinos. Y ese mismo verano de 1857 fueron contratados cientos de campesinos para levantar los cimientos de la nueva fábrica. Desplegando una desbordante capacidad organizativa, en menos de tres años construyó un moderno complejo siderúrgico en el que invirtió toda su fortuna y una parte considerable del patrimonio que su hija había heredado de la familia materna.

La empresa Duro y Compañía se convirtió pronto en la factoría siderúrgica más importante de España durante una cuarto de siglo. Y "por los enormes servicios prestados a la industria española", Pedro Duro fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica. Y el Gobierno francés le premió con el título de Caballero de la Legión de Honor valorando la calidad de los productos mostrados en las exposiciones internacionales de París.

Pedro Duro reconoció siempre que obtener beneficios era el objetivo de su arriesgada aventura industrial. Nunca tuvo mala conciencia por ello, pues creía que el papel social de la empresa iba más allá de su propio beneficio personal. Y al margen del tópico del llamado paternalismo empresarial, fue un hombre generoso. Y lo fue sobre todo con los obreros de su fábrica, que le honraron con una magnífica estatua: "Por lo mucho que amaba a la clase proletaria y el acendrado afecto que profesaba a todo lo que revelase progreso, civilización y cultura".

Razón por la que la política social de la fábrica felguerina está considerada como la más avanzada de la España del siglo XIX. Pedro Duro sostenía que el obrero nunca debería aceptar pasivamente la posición social que le había tocado ocupar en el mundo: tenía todo el derecho "a mejorar su suerte en la vida".

Con la muerte de Pedro Duro se cerraba un largo ciclo de la siderurgia española decimonónica. En 1900 Duro y Compañía se transforma en Duro Felguera. Y desde entonces, Duro y La Felguera son históricamente inseparables. Con rango empresarial y universal.

Hace unas semanas, Duro Felguera regresaba a sus modernas oficinas de Valnalón, espacio originario en el que se instaló Pedro Duro hace casi ciento setenta años. Y para futuro industrial de Langreo queda aún por revolver la incógnita de cuál será el destino de los talleres de Barros, propiedad también de Duro Felguera. Una cuestión peliaguda. Como dice una divisa orteguiana, el futuro es siempre el horizonte de los proyectos y de las incertidumbres. Y ese azaroso horizonte es ahora uno de los grandes desafíos de las Cuencas.

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