Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Dando la lata

Fracaso

El problema de los narcopisos

El asunto de los narcopisos que ahora levanta tanta polvareda es la demostración del fracaso de una sociedad considerada moderna y evolucionada, asfixiada en un océano normativo, limitada por millones de prohibiciones, regulada hasta extremos disparatados y que, pese al descomunal armamento legal, queda indefensa y desprotegida en situaciones evidentes, en realidades sangrantes.

Es inadmisible que los vecinos lleven años denunciando unos hechos claramente delictivos y que ninguna de las decenas de administraciones que nos someten tenga la capacidad y la voluntad de poner solución. Se le cae a uno el alma a los pies escuchar a un policía decir que tienen las manos atadas, que poco pueden hacer si los que han de dar las órdenes no las dan. El sentimiento de rabia se desborda cuando un vecino te cuenta que están hartos de denunciar, arriesgándose a represalias, y de padecer las burlas de unos delincuentes envalentonados gracias a un sistema de justicia sumamente cariñoso y comprensivo con ellos. Entonces te echas las manos a la cabeza al oír de boca de una funcionaria judicial la retahíla de complicaciones, trabas, errores y sinsentidos burocráticos con lo que han de luchar y que conducen inexorablemente al desastre.

Hemos desarrollado un sistema muy eficiente para mantener bajo estricto control al ciudadano cumplidor y, al mismo tiempo, sumamente tonto en el tratamiento y neutralización de la parte chunga de la sociedad, que actúa ajena a las leyes con plena tranquilidad.

Pero, yendo un poco más al meollo, creo no equivocarme al afirmar que existe la convicción general de que estas situaciones tan injustas siempre caen sobre los mismos. O sea, que si el narcopiso y los inquiocupas se localizaran en la comunidad de vecinos de algún preboste político o judicial, la solución sería rápida y efectiva. Pero si los afectados son unos jubilados, un par de autónomos, una chica en paro y unos cuantos currantes, ya pueden armarse de paciencia o, como es el caso, hacer ruido hasta que alguien se ponga colorado, descuelgue el teléfono y dé la orden.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents