04 de marzo de 2010
04.03.2010

Mayte Alonso, mucho más que caligrafías

La escultora muestra su obra en el Museo Barjola de Gijón

04.03.2010 | 14:54
Obra de Mayte Alonso.

Mayte Alonso. Caligrafías del espacio (escultura)
Museo Barjola. Gijón
Hasta el 11 de abril

Hay mucho más que «Caligrafías del espacio» (¿no debería decirse «en el espacio»?) en la excelente exposición de Mayte Alonso (Madrid, 1971) en el Museo de Barjola que lleva dicho título, es verdad que razonablemente lírico. Mayte Alonso es la escultora que en 2008 ganó con su proyecto «Construcción para un encuentro» el premio internacional «Sacejo» de escultura, convocado en Oviedo y que luego quedó materializado en su sutil y armonioso juego de líneas y sombras en el llamado paseo de la Losa, configurando un lugar de acogida.
Es verdad que seguramente lo más llamativo de la muestra sea la instalación diseñada específicamente para la capilla de la Trinidad del Barjola, en la que tantos artistas han intervenido ya casi siempre con acierto, donde la artista madrileña enlaza ahora el espacio con las líneas maestras de su reconocible manera escultórica, estructuradas en un admirable orden de pureza formal, estabilidad y precisión, una delimitación espacial que no sólo condiciona la superficie en la que actúa, dinamizada y activada por las tensiones de su arquitectura lineal, sino también el espacio existente bajo ella ofreciendo sugestiones de mayor densidad espiritual, si no física.
Pero además de esa instalación de ritmos lineales muy característicos y que en ocasiones pueden entrañar sugestiones figurativas, Mayte Alonso plantea también otros conceptos de escultura, nuevas intenciones expresivas. Una de ellas está representada por dos potentes piezas que resultan sorprendentemente complejas en sus relaciones formales si pensamos en lo anterior, obras que acusan la filiación del cubismo y el constructivismo pero cuyas líneas, rectas curvas o quebradas permanecen abiertas y predispuestas a configurarse en imaginativas relaciones y figuras de personal geometría. Luego presenta por otra parte una instalación compuesta por obras seriales de repetición vinculadas por la sucesión ordenada y el principio artístico de la identidad, estructuras repetitivas con las que además establece un contrapunto a la rigidez de la geometría metálica con la utilización de materiales blandos, en una personal versión de la llamada escultura fluida, procesual o antiforma, una de las derivas del posminimalismo en la que el protagonismo de la obra no está tanto en la definición de la forma como en su situación aleatoria en el espacio, creaciones en las que con caucho, fieltro, cuero u otros materiales trabajaron artistas como Richard Serra o Robert Morris. Mayte Alonso afirma la verticalidad de estas piezas en las que la gravedad condiciona la ordenación espacial de su caída y derrame sobre el suelo en amontonamiento teóricamente aleatorio. Todo es aquí intrínsecamente deformable, pero la valoración de lo estético y lo táctil, la elegancia de esta instalación solemnemente sugestiva y silenciosa, nos hace pensar que no ha regido el azar como principio escultórico, lo que podría ser considerado atractivamente heterodoxo. Es hacer escultura con lo que se llegó a llamar antiescultórico o también escribir caligrafías con renglones torcidos.

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