18 de junio de 2010
18.06.2010

Aquerreta y Galano, la contemplación como placer suave

Dos artistas ensimismados en su subjetividad y afines en el modo de expresar la realidad desde la pintura

18.06.2010 | 02:00

Una delicia, «un placer suave producido en los sentidos y en el ánimo» como dice el diccionario, es contemplar esta exposición en la que coinciden las pinturas de Juan José Aquerreta y de Miguel Galano, ensimismadas en la respectiva subjetividad de sus autores y al mismo tiempo tan afines en la manera de percibir y expresar la realidad desde la pintura. Caminos secretos -escribe Juan Manuel Bonet en el texto del catálogo- que conducen de una obra, de una provincia de la pintura, a otra; unos caminos que por fortuna algunos artistas frecuentan aún hoy en día y que pasan por una figuración peculiar y personalizada, expresión de un mundo propio pintado con íntima sensibilidad y una rara intensidad que es capaz de conmovernos y que nos trasmite un gozo que nos pone contentos, o sea ese «placer suave» del que hablaba al principio, que nos alegra el día sólo por haber contemplado estas pequeñas y hermosas pinturas.


Es una suerte poder ver y contemplar aquí y ahora obra de Juan Aquerreta (Pamplona, 1946) por primera vez, ocasión poco frecuente porque, por ejemplo, solamente se le reseñan dos muestras individuales en los últimos ocho años, en la Sala Robayera de Miengo, Cantabria, en 2008 y en la galería Marlborough de Madrid en 2009. Poco frecuente y afortunada. De Aquerreta se ha escrito que «es el pintor más leve, singular, puro y silencioso de cuentos pintan en España». Y seguramente será cierto, podrá pensar cualquiera que contemple estas pinturas, quizá conteniendo el aliento ante la inquietante sensación de que, siendo tanta su quietud y tan leves, silenciosas y como furtivas sus formas, pueden llegar a desvanecerse y que quizá sean tan delicadamente exquisitas de color porque su autor tema que la excesiva sonoridad cromática comprometa la concentración emocional y el frágil equilibrio de la obra, aunque por otra parte esa sonoridad aparezca triunfante en su «Naturaleza muerta de la copa amarilla».


Con Juan José Aquerreta comparte esta muestra nuestro Miguel Galano, sus pinturas de casas, parques, montañas, mares o cementerios venidas todas ellas de un sueño de artista que conocemos bien porque el pintor de Tapia de Casariego nos ha hablado de él en otras muchas ocasiones, contemplando sus oscuras y románticas soledades, sintiéndonos parte de su densa e intensa atmósfera plástica.


Sabemos que son retratos de paisajes, la obra de un pintor que pinta lo que ve si lo que ve le seduce, pero hecha tan desde la emoción, desnudando de tal modo la esencia de las cosas, que esos paisajes, sumidos en el enigma de la niebla o perfilados por una claridad repentina y misteriosa, se nos aparecen como sucesos aislados en el tiempo y en el espacio, pequeños infinitos indefinibles y abstractos.


Pero no es esta la oportunidad de extenderse en lo literario sino de disfrutar de lo pictórico en esta exposición cuyo catálogo como antes se dice lleva un texto de Juan Manuel Bonet, que tanto y tan bien ha escrito sobre estos dos artistas, y también poemas de Luis Pimentel y Blas de Otero.

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