28 de noviembre de 2011
28.11.2011
 

La brújula

28.11.2011 | 01:00
La brújula

Un cohete de 2.200 kilos estalló en 2009 cerca del polo sur de la Luna, revelando que bajo la superficie del satélite hay moléculas de agua. Severa amenaza, sin duda, para una Luna destinada a ser colonia humana.

Sin embargo, mucho antes de esa colisión programada, la nívea reina de la noche ya había sido atracada por los dioses. El egipcio Tot, por ejemplo, le arrebató parte de su luz tras ganarle unas partidas a las damas. ¿Para qué la quería? Nocturno, del británico James Attlee, se lo explicará, como le explicará, con prosa hipnótica, otros cientos de asuntos. Nocturno es un seductor volumen en el que una profunda erudición se da la mano con la cosecha de múltiples viajes en busca de las huellas de la luz lunar en los hombres y en sus creaciones. Poblado de negritas -de Galileo a Mussolini o Tanizaki-, pero también de sueños y paisajes inigualables, Nocturno es irresistible.

Si es usted de los que piensan que un buen detective de papel tiene que ser británico para ser de carne y hueso, usted está de enhorabuena. La juguetería errante, dedicada al poeta Larkin, es una cumbre del género por su fantasía y la inteligencia de su trama.

Su autor, Bruce Montgomery (1921-1978), estudió en Oxford, escenario de la obra, y compaginó una carrera de compositor con la escritura de nueve novelas policíacas y dos libros de cuentos. En todos el protagonista es el excéntrico profesor y detective aficionado Gervase Fen.

Montgomery firmó sus obra como Edmund Crispin, nombre de un personaje de la inmortal ¡Hamlet, venganza!, de Michael Innes. La juguetería errante se inicia con el hallazgo de un cadáver y se complica cuando se esfuma el escenario del crimen, convertido en ultramarinos. A partir de ahí, ya nada es imposible.

Sí, claro; el lector de esta provocadora Guía de la Kultura encontrará en ella elogios a Mussolini. Sin ellos, un «pound» de 1938 no sería un «pound». Es la anécdota, inevitable, que rodea a cualquier objeto tocado por «el último fascista prohibido».

Vayamos, pues, más allá. Pound consideraba esta Guía de la Kultura su mejor obra en prosa y la incluía entre sus logros mayores, junto a los Cantos. En sus páginas, el inmenso poeta e intelectual da rienda suelta a su sabiduría («no pretendo resumir la Enciclopedia en 200 páginas») y a sus filias y fobias para proponer una alternativa crítica y revolucionaria al concepto burgués de Cultura. Escrita en un mes, «para personas que no pudieron permitirse una educación universitaria», la obra arranca de las Analectas de Confucio y se articula en numerosas entradas breves en las que no queda títere con cabeza.

Budismo y drogas fueron dos de los ejes vertebrales de los escritos de Kerouac (1922-1969). En Tristessa -escrita en 1955 y 1956, pero publicada en 1960-, el lector encontrará una escritura que partiendo de una serenidad budista desnuda la miseria con belleza.

Tristessa, ambientada en Ciudad de México, es la historia de Kerouac (Duluoz) y una prostituta morfinómana. Pero también (Ginsberg dixit) es «una meditación narrativa que estudia una gallina, un gallo, una paloma, un gato y un perro Chihuahua».

En suma, como a menudo en Kerouac, el lector deambula por la cotidianeidad de seres en perpetua huída, pero a la vez es invitado a percibir, a través de los momentos más sublimes de la prosa, la inocencia que se esconde en ellos. Las ilustraciones de Dani Orviz, espléndidas en su morboso barroquismo, acentúan el componente mexicano de la novela.

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