01 de abril de 2013
01.04.2013
 

La resistencia frente al miedo

La historia de dos jóvenes alemanas exiliadas en Londres que denunciaron el nazismo que se instauraba en su país

01.04.2013 | 00:00
La resistencia frente al miedo

Apasionante novela o realidad en forma de ficción, excepcionalmente documentada y tratada por la escritora australiana Anna Funder, periodista y abogada especializada en derecho internacional, cooperación y derechos humanos. Sin duda, de esta labor y experiencia personal nacen una extraordinaria novela como ésta. Novela en la que podemos conocer la historia personal de estos jóvenes alemanes refugiados en Londres. También la realidad vivida por otros muchos exiliados que convirtieron su vida en una lucha permanente y en resistencia activa frente al horror que se iba instaurando a pasos agigantados en Alemania con la llegada de Hitler al poder. La propia autora explica: «Mi historia, por supuesto, parte de los hechos tal como se conocen; he establecido relaciones y he hecho suposiciones, y he creado una trama y unos personajes que no pueden justificarse únicamente mediante la referencia a los documentos históricos, de lo que asumo toda la responsabilidad».


Dos mujeres, Ruth y Dora, unidas no sólo por sus vínculos familiares sino también, y principalmente, por la pasión con la que dedicaron sus vidas a un objetivo común: mostrar la realidad al mundo, lo que realmente ocurría en Alemania y sus consecuencias a corto y largo plazo. Este objetivo delimitó su vida personal marcando también su destino y el de un gran número de compañeros y compañeras unidos frente a esta misma lucha.


Ruth, recuerda ahora con todo detalle lo ocurrido entonces, es como si apenas pudiera distinguir el presente de un pasado tan vívido y cercano aún: «Soy un recipiente de recuerdos en un mundo de olvidos». Es necesario vencer al silencio, el de entonces y el de ahora: «El Gobierno alemán había silenciado a los escritores en Alemania y ahora intentaba silenciar a los que habíamos conseguido partir al extranjero. Los nazis presionaban al Gobierno británico para que no nos permitiera aparecer en actos públicos. Amenazaban con tomar represalias contra los editores británicos que publicaran nuestras obras. No era sólo una forma de privarnos del sustento; era el primer paso hacia el silencio».


A través de estas páginas Funder nos ofrece una visión exacta de todo lo acontecido en aquellos años, la oscuridad que marcó el ritmo de esos días, y el conocimiento del alma humana expuesta a unas circunstancias límite donde realmente se puede calcular y conocer la valentía, coraje, humanidad y bondad de un ser humano. La decepción y desengaño que esto implica y la asunción de nuestra propia cobardía y condición humana, analizada y mostrada aquí en toda su luz y tinieblas, aquello que vemos o nos negamos a ver («Yo me daba cuenta de que todos la consideraban tan independiente que creían que no tenía necesidades, o al menos ninguna que pudieran satisfacer individualmente. Ésa era la maldición de los competentes; los hace propensos a las bolsas de soledad, a caer en inesperadas trampas para elefantes»). También el amor y su inmenso poder, cegador incluso en el momento menos propicio, cuando todo se hunde alrededor: «Cuando estás enamorado de alguien, no ves alrededor de esa persona, no puedes apreciar su medida humana. No entiendes cómo alguien que es tan inmenso para ti, tan milagroso e inconmensurable, puede caber, entero, es esa piel tan pequeña». Pero, sobre todo, encontramos aquí la autoridad del miedo, el que paraliza y, por tanto, se convierte en un arma muy codiciada: «El miedo es el fundamento de la dictadura». Ruth y Dora recuerdan este poder y luchan contra él, leen en alto: «El dictador sólo sabe que el hombre que ha superado el miedo vive al margen de su poder y es su único enemigo peligroso. Porque quien ha vencido el miedo ha vencido a la muerte».


Esta historia nos muestra un ejemplo de lucha colectiva, de unión, de resistencia frente al poder, de demostración de hasta dónde puede llegar el ser humano siempre que sea capaz de abandonar todo egocentrismo y situarse un paso más allá: «Imaginar la vida de otro es un acto de compasión verdaderamente sagrado». El problema de algo tan sencillo es que el egoísmo sigue siendo una especie de voluntad más satisfactoria, más fácil, conveniente, incluso, porque «una vez que hemos imaginado semejante sufrimiento, ¿cómo podemos seguir sin hacer nada?». Y hasta entonces fue sencillo, no ahora.

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