10 de febrero de 2014
10.02.2014
 

Libros dedicados

La novela de empresa de Pepe Monteserín, la reedición de El palanque de José Antonio Mases y el fino humor con que Eduardo Lagar tamiza la podredumbre

10.02.2014 | 01:42

Más amigos que tienen la generosidad de enviarme sus libros. Todos son productos asturianos, pues tal parece que, cuando todo se desmorona en ese Principado, la producción literaria lejos de decrecer aumenta. A Pepe Monteserín, cuya frenética actividad vital (consúltese su billete diario de este periódico) y escritora (consúltese wikipedia), si bien son la misma, bien merecería que el Guinness de récords las reflejase. Ahora, la empresa GAM le encarga un libro sobre sí misma (El peligro del éxito ? y sobrevivirlo) con el objetivo, le especifican, de que "llegue a nuestra propia gente, la que forma parte de la compañía, y cuando lo lea, tanto los viejos del lugar como los nuevos, cojan todavía más cariño a la empresa, sepan por qué estamos aquí, cómo llegamos, las dificultades por las que hemos atravesado, los retos que hemos superado". También, para que "el libro se pueda regalar por fuera, a un cliente, un estudiante de empresariales?". Lo que, en principio, tendría para mí un interés relativo, muy magro (por mucho que el cabeza visible de GAM sea desde hace unos días presidente de la patronal asturiana), Monteserín lo consigue transformar en literatura, pues no puede, claro está, escapar de sí mismo. Así, escoge el género de la entrevista (o sea, el diálogo como forma narrativa) para ir desmenuzando mil historias de los trabajos y los días de tanta gente, de tanto personaje, de tanto triunfo, caída y remonte. Una novela río, pues: sin querer, acaso. Todo para que, como el cuento sufí que la inspiró, podamos ver al elefante completo (GAM) y no solo sus partes. José Antonio Mases, que es un grande (vuelva a consultarse la wiki) de la edición y la escritura, no cesa de ponerse pegas a sí mismo cada vez que lo veo por el barrio, camino a llevarle de comer a su gato "Platón". Cuando me regala la reedición (espléndida, qué guapa: estupendos los tipos de KRK) de la celebrada El palenque, tiende a recordar algunos errores de la primera vez que esa novela de Cuba, de indianos, de lenguaje puro sacado del buen oído del autor vio la luz: "Repetía algunas expresiones, no estaba del todo cuadrada, no sé?" Una novela que, en su momento, recibió los encendidos elogios de Jesús Aguirre, Menéndez Salmón o doña Letizia Ortiz Rocasolano (sic, en este mismo suplemento: lo cual me exime de ahondar yo en críticas, solo faltaba) todavía fue susceptible de que su autor la retocase para que, de nuevo, pudiésemos leerla pero más aún a nuestro sabor. Es ese estilo Mases, el que le llevó, cuando nos dieron el primer "Premio María Elvira Muñiz" (a él por su trayectoria; a mí, por mis columnas) a exagerar nada más verme: "A ti te lo dan por bueno; a mí, por viejo". El estilo Mases: "No te regalo esta edición para que escribas sobre ella, solo para que la tengas". Un ejemplo para tanto mequetrefe que con dos versitos ya no cree tener quien le tosa. Si alguna vez ven a Mases paseando por La Arena gijonesa, señálenlo y digan: "Ahí va un grandísimo escritor". Lo verán negar con la cabeza.

El compañero en LA NUEVA ESPAÑA Eduardo Lagar encuentra tiempo (nunca sé dónde) para escribir El tesoro, una novela que recupera una historia tan comentada en los mentideros gijoneses (la aparición de unos cuadros y dibujos del prócer local por excelencia) tiempo ha, pero que extiende a una visión de conjunto dándonos un catálogo de podredumbres políticas, periodísticas, sociales que metería miedo si no estuviesen tamizadas por un finísimo humor, tanto dato sorprendente y una prosa de veterano. La novela la lanzó la editorial vtp (Milio Rodríguez Cueto al aparato) con un "book trailer" (véase en YouTube) espectacular. Como ya otro novelista escribió aquí sobre ella en largo, me abstengo de más contar. Quede noticia de cuánto y qué bien escriben los amigos que tengo.

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