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Ricardo Mojardín: "Siempre estoy buscando, me mata la curiosidad"

El artista asturiano presenta hoy en la sala Alfara, en Oviedo, "Tratamiento", dos de sus propuestas con animales

Ricardo Mojardín, ante el proyecto "Apocalipsis interruptus". | luisma murias

Ricardo Mojardín, ante el proyecto "Apocalipsis interruptus". | luisma murias

Aquellos veranos infantiles en la casa familiar de Boal, rodeado de naturaleza y de animales, fueron el principio del artista Ricardo Mojardín. Después vinieron la formación, el permanente curioseo, la inspiración y la íntima vinculación de su trabajo, siempre transgresor e imaginativo, a obras maestras de la pintura. "Me mata la curiosidad, siempre estoy indagando, buscando y, cuando encuentro lo que busco, tengo que ir un poco más allá", afirma.

A sus 58 años, tiene una de las trayectorias más sólidas y personales del panorama artístico asturiano. Podría decirse que se mantiene fiel a sí mismo. Hoy presenta en la sala Alfara de Oviedo dos propuestas: "Apocalipsis interruptus", que mostró por primera vez en la sala gijonesa Espacio Líquido en 2006, aunque, en aquella ocasión, los 15 conejos protagonistas convivieron e intervinieron en la obra. Con imágenes del "Apocalipsis según San Juan" de Durero, manipuladas infograficamente y con siluetas de conejos troqueladas que causan un potente efecto visual, la intervención y el comportamiento de los animales con ellas puede verse en un vídeo. "Es un juego sobre el destino y sobre la evolución de las cosas, nunca sabemos lo que nos depara cada acción", explica Mojardín.

En "Modos de aprender", su segunda propuesta, los protagonistas son los gatos, ubicados de nuevo en un entorno con piezas colgadas en la pared. "Me gusta jugar con el paralelismo entre la actitud humana y un ser vivo que no tiene los códigos de los humanos. Observo que, a veces, la curiosidad les hace vencer a los miedos, pero acaban cansándose. Les pasa un poco como a nosotros, que de tanto ver imágenes, a veces extremas, nos saturamos y ni reaccionamos".

Desde "Autorretratos en la cuadra", en 1992, Mojardín ha paseado a sus animales por instituciones museísticas y salas de arte, en ocasiones vivos y, en otras, con formas y fórmulas variadas, que incluyen el retrato. "El animal es un mundo que siempre me atrajo y me relaja. Todos los animales tienen su propia personalidad, su manera de ser, y actúan de forma diferente. Tienen actitudes humanas, los hay egoístas, que abusan del poder, los hay tímidos e introvertidos, y todo eso me llevó a llevarlos al arte. ¿Qué pasa si presento seres irracionales en un mundo planteado para seres culturales y con prejuicios? Me pareció diferente y sugerente, me motivaba", explica.

No es, en absoluto, un asunto artístico agotado. "Sigo encontrando muchas sugerencias, para mí es más que un tema, es una metáfora, si me desvío hacia otro tipo de objetivos, lo veo todo más vacio". Trabajador constante aunque no metódico - "la inspiración, como decía Picasso, si viene, me coge trabajando, pero no sentado ante el caballete", dice- no pretende demostrar nada con su obra. "Intento sugerir, sorprender, que la gente le de un par de vueltas y, si sirve para que se cuestionen la relación con el mundo animal o con el propio arte, me doy con un canto en los dientes. Donde hay sorpresa, hay atención y curiosidad".

A Ricardo Mojardín le gustan los guiños, y hace uno, divertido, con la exposición que presenta hoy. El catálogo es una caja que asemeja a la de un fármaco, y el nombre es "Tratamiento". Dentro hay varias fotografías de los proyectos que exhibe. El texto del "prospecto" es de Javier Ávila. La sala Alfara comparte local con una farmacia. "En el fondo, los procesos artísticos son un tratamiento para curar, para aliviar, para transformar", explica.

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