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La brújula

La increíble epopeya de escribir y publicar "Ulises"

Hace un año, los lectores descubrieron una agenda literaria incomparable, Anoche un libro me salvó la vida. Su acogida fue tan excepcional que la edición se agotó mucho antes de la Nochevieja. De modo que, un año después, Errata Naturae ha vuelto a la carga con Si mi biblioteca ardiera esta noche, su agenda para 2017. El esquema es similar. Para los neófitos, cada semana se dedica a un libro. La primera, 26 de diciembre-1 de enero, corresponde a Esperando a Godot, lo que implica caricatura a cargo de David Sánchez, breve sinopsis, anécdota pirómana relacionada con Beckett y una sentencia del irlandés: "Nada es más divertido que la infelicidad, te lo aseguro. Es la cosa más cómica del mundo". Y así 52 veces o, lo que es lo mismo, desde Cormac McCarthy a Platón, pasando por Leopoldo María Panero, Jane Austen, Kavafis o Patti Smith. De prólogo, una escalofriante relación de bibliotecas quemadas, de piras librescas, de autores ajusticiados en la hoguera o de libros relacionados con el fuego. Magna.

Quien más quien menos ha oído hablar de la odisea que rodeó la publicación del Ulises joyciano en 1922. Condenada y prohibida por obscena -no una sino tres veces, no un año sino más de una década, no sólo en el Reino Unido sino también en EE UU-, la obra que ha acabado encaramada a la cima del canon anglosajón tuvo un parto más que difícil en el que jugó un papel crucial el tesón de la norteamericana Sylvia Beach, atrincherada en Shakespeare and Company, su pequeña librería parisina. El profesor de Harvard Kevin Birmingham ha tenido el coraje de dedicar años de su vida a investigar el nacimiento y desarrollo de Ulises, desde las primeras notas de las que se guarda noticia hasta el gran juicio por obscenidad perpetrado en 1933. El resultado, que ha acaparado premios, es El libro más peligroso, 500 monumentales páginas de erudición plasmada en un relato ágil e hipnótico, donde, además de reconstruir la compleja génesis y recepción de la novela, arroja nueva luz sobre múltiples aspectos de la vida de Joyce.

De entrada hay que proclamar que el despiadado retrato de editor que es El viejo Rivers resulta muy divertido. Tiene toda la calidad que alimenta la obra del gran Thomas Wolfe (1900-1938) pero, en sus páginas, el hálito poético que suele desprender la prosa del autor de El ángel que nos mira queda en sordina y da paso a una espléndida sátira cuya eficacia está en la precisa concisión del trazo. El viejo Rivers es la factura que Wolfe le pasa a Robert Bridges, editor del Scribner's Magazine neoyorquino y, como tal, guardián del buen gusto y el respeto a las convenciones, además de castigador inclemente de nuevos narradores. Ambientada en el comienzo de los años treinta -al lector le llegan ecos de la Gran Depresión-, El viejo Rivers relata una mañana en la vida de un hombre que, entrado ya en los setenta, ha sido aparcado de la toma de decisiones pero se empeña en fingir ignorarlo. Las páginas en las que se describe el despertar de Rivers y sus operaciones de lavado y vestido son, sencillamente, gloriosas.

Es probable que sean más quienes conozcan Ni un pelo de tonto (1993) por la película que en 1994 le valió a Paul Newman una nominación al Oscar que por la novela que la originó. Para los olvidadizos, la narración, de carácter coral, está situada en un pueblo en decadencia del estado de Nueva York donde transcurren los días de Sully, un individuo que, en el fondo, toma por irreductible independencia su incapacidad para lidiar la vida con algunas dosis de energía. El autor de este divertido y penetrante fresco social, en el que los diálogos se llevan la palma, fue Richard Russo (1949), quien algunos años después se alzaría con un Pulitzer por Empire falls. Ahora, tras casi un cuarto de siglo, Russo ha vuelto a instalarse en North Bath para, en Tonto de remate, reencontrarse con sus personajes. Lo único es que Sully, millonario por accidente, ha sido castigado con un diagnóstico médico que le da muy poquita vida. Quinientas páginas de buena novela estadounidense que se une en las librerías a una nueva edición de la primera parte, también a cargo de Navona.

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