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Arte

Un diálogo plástico de muy interesante rareza

Los despojados silencios estelares de Armesto frente a la pastosísima algarabía multicolor de la rebosante materia de Lagares

Como parte de su programación anual de exposiciones, la galería Aurora Vigil- Escalera de Gijón ha establecido una tradición que le permite renovar cada año el aniversario de su creación - y también el de su antecesora Van Dyck- y al mismo tiempo tener bien resuelta la gestión de la primera exposición del ejercicio con una muestra que puede resultar muy atractiva y no demasiado onerosa, lo que dado la estrechez actual del mercado es también algo a tener muy en cuenta. El contenido de la de este año "30 + 3. Exposición Aniversario" (los 50 años de Van Dyck y los 3 de la galería actual), como lo fue el de las dos anteriores y lo será el de las que vendrán, lo integran una selección de las mejores obras expuestas el pasado año completadas con novedades de las programadas para el curso actual.

Lógicamente el éxito de la iniciativa depende tanto de la calidad de las exposiciones programadas como del acierto en las piezas elegidas, que está previsto renovar parcialmente en el curso de la muestra para mantener su interés y atractivo a lo largo de su duración. Lo visto para empezar parece cumplir bien con estos requisitos, tanto por el nivel de calidad de las obras como el cuidado puesto en su instalación, que ha conseguido crear un armonioso y sugestivo espectáculo plástico promovido precisamente por la relación entre las distintas tendencias y disciplinas expuestas, lo que nunca es fácil y pocas veces bien resuelto.

Para muchos espectadores resultará muy grato volver a encontrarse con aquellos artistas cuya obra admiran y siguen de manera especial, y recordar en concreto alguna pintura, escultura o fotografía que le interesaron más en su día. Como también tener información adelantada de las exposiciones que se podrán ver en un futuro próximo.

Hablando de lo que personalmente me interesó más, que es lo que me cabe hacer, no ocultaré el placer que me produjo volver a ver obra de esos tres tenores de la abstracción geométrica que son Herminio, Lisardo y Pablo Armesto, o si se quiere de dos, porque Armesto anda ahora enfrascado en sus utópicas y románticas investigaciones sobre las constelaciones en el muy personal firmamento plástico de su espacialismo. Tres espectaculares constelaciones, alineadas en una pared, se enfrentan en un diálogo de interesantísima rareza, que además funciona muy bien, con un gran formato de Ismael Lagares que rebosa materia y volumen multicolor, abundantísima y pastosísima algarabía que se lleva bien con los silenciosos negros y blancos estelares. Sobre este cuadro he de decir que aunque yo no sea muy partidario de Lagares, y menos de sus perros, esta pieza en concreto me parece un cuadro muy bien logrado, equilibrado y armonioso en cromatismo y forma que, con sus michelines de pasta pictórica, hasta me recordó la cúpula de Barceló.

Destacada mención aparte merece la pieza de mágicas tensiones y equilibrios del gran Herminio, hermosísima en su imaginativa construcción con prolongación especular, y desde luego el seráfico cuadro blanco, geometría del silencio, de Lisardo en un escaparate, exquisita pintura que pienso yo que le hubiera gustado a San Juan de la Cruz para su celda. Pero en fin, según sus gustos hay importantes y atractivas piezas de Genovés, Gordillo, Chema Madoz, Farreras, Feito, Isabel Muñoz y el clásico largo etcétera.

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