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El laberinto catalán

Cataluña, entre la realidad y la ficción

Dos visiones del desafío independentista: la perspectiva del historiador Jordi Canal y la del ensayista Jordi Amat

Cataluña, entre la realidad y la ficción

Cataluña, entre la realidad y la ficción

El reputado sociólogo Salvador Giner, incorporado a las filas del independentismo, publicó en 2015 un libro titulado Cataluña para españoles, en el que destacaba como virtudes cívicas de los catalanes el pactismo, la responsabilidad, el escepticismo ante las grandes creencias e ideologías y una cultura política plenamente democrática. Sin embargo, el proceso político con rumbo a la independencia emprendido hace diez años ha arruinado esta imagen elaborada pacientemente durante el último medio siglo. El historiador Jordi Canal pone en claro la distorsión: "El proceso ha sido, desde el principio y por encima de todo, relato" Y, al hacer balance de la reforma del Estatuto catalán, el ensayista Jordi Amat, desnuda el tópico con otro argumento: "Todo empezó mal. Y terminó peor. Todos los actores, casi todos, actuaron de manera irresponsable porque, en lugar de ordenar una nueva situación, diseminaron las semillas del caos".

El libro de Jordi Canal es una verdadera enciclopedia del nacionalismo catalán. Por sus páginas desfilan la ideología, los actores, los símbolos y los ritos que han conformado una tradición donde la leyenda se confunde con frecuencia con la experiencia histórica. El autor desvela con sumo cuidado cada patraña del independentismo, aportando una información minuciosa y solvente a la que el lector accede cómodamente, sin notas que le distraigan, ni ambiciosas elucubraciones teóricas que le exijan un gran esfuerzo mental. Los apartados que dedica a la obsesión por el emblemático número 1714, convertido en la medida de todas las cosas, y a los innumerables productos de la mercadotecnia independentista ilustran en color, con todo lujo de detalles, el desajuste político catalán.

La perspectiva panorámica que adopta Jordi Canal es eficaz para descubrir las invenciones históricas, pero no explica por qué la mitad de los catalanes decide hacer uso de la ficción ideada por el independentismo y llevarla hasta el final, poniendo en riesgo su estatus geopolítico, su bienestar y sus expectativas. En este punto, se limita a observar cómo las emociones y la fe se han adueñado del comportamiento político de los nacionalistas catalanes. El librito de Jordi Amat, "un panfleto que quería ser un ensayo" matiza el filólogo, tiene una intención más analítica y procura hacer comprensible el proceso político catalán en su conjunto. Todo habría comenzado, por un lado, con un fallo en el diseño del Tribunal Constitucional, detectado por Pedrol Rius en el Senado constituyente y cuyos efectos previstos ahora saltan a la vista y, por otro lado, con el pujolismo y su propósito de forjar una cultura nacionalista hegemónica en Cataluña escondido detrás de una silenciosa estrategia regionalista. El origen de la situación actual estaría en la fracasada reforma del Estatuto, que se combinó pronto con las secuelas de la crisis económica, dando paso a una competición política feroz, en la que los partidos nacionalistas emprendieron una permanente huida hacia adelante, hasta más allá de los límites legales y de la realidad misma, sin reparar en las consecuencias con tal de imponerse a sus adversarios.

Los libros de Canal y Amat, incluso en sus diferencias, se complementan a la perfección. Ambos resultan de gran ayuda para comprender uno de los procesos políticos más sofisticados y excéntricos que se han vivido en las democracias de todo el mundo, con un desenlace aun totalmente incierto. Ni Canal ni Amat se muestran muy optimistas al respecto. El proceso ha subvertido el orden institucional, ha causado daños graves en todos los partidos, algunos ya no existen, ha llevado la confusión y la parálisis a las principales agencias políticas; en suma, ha desacreditado a la que se presumía virtuosa sociedad catalana y, a pesar de todo, ambos autores coinciden en considerar muy improbable una rectificación o un retroceso en la dinámica puesta en marcha. El proceso ha polarizado la sociedad catalana hasta extremos nunca vistos, las actitudes políticas se mantienen fijas y cerradas al diálogo, y la tensión se apodera de la vida pública.

Aún quedan por responder unas cuantas preguntas: si el independentismo ya hibernaba en el nacionalismo pujolista o ha sobrevenido como producto de una mutación provocada, cuál es la consistencia política de este independentismo, y si cabe alguna posibilidad de que en Cataluña haya un nacionalismo pactista, respetuoso con las leyes y las prácticas democráticas. Porque, de no ser así, está demostrado que la cuestión catalana tiene entidad para convertirse en el gran problema político de España por mucho tiempo. Canal y Amat tienen el mérito de allanar nuestra comprensión del trance por el que pasa Cataluña, que así, reflejado en sus textos, nos parece menos absurdo y más inteligible.

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