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Los laberintos sin salida de una autora sin asiento en el mundo

He aquí todo un descubrimiento para buscadores de joyas perdidas. La poeta y cuentista londinense Charlotte Mew (1869-1928), cuya pluma transitó la senda que enlaza la era victoriana y el modernismo anglosajón, creció en una familia muy proclive a la fragilidad psíquica. Ella misma se suicidó bebiéndose una botella de desinfectante tras años de vestirse como un hombre en las escasas ocasiones en las que salía del hogar donde se confinaba junto a su madre y su hermana. Tal vez por esa dificultad para encontrar asiento, nunca obtuvo amplio reconocimiento para sus escritos, que, sin embargo, gozaron del aprecio de jueces como Virginia Woolf, Joseph Conrad o Ezra Pound. Algunas formas de amor reúne en castellano cinco largos relatos en los que Mew sitúa a sus personajes en encrucijadas de las que no saben evadirse o en las que sólo encuentran la salida de emergencia que se abre sobre el vacío.

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