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Tinta fresca

Cuando el arte es el objetivo

El maestro Barnbaum logra el libro perfecto de fotografía, un manual que captura la magia de la creatividad

La fotografía como arte es un libro esencial de la divulgación y el aprendizaje que Bruce Barnbaum publicó por primera vez en 1994 y que ahora vuelve en una nueva edición para confirmar su irrefutable condición de obra maestra de la divulgación reflexiva. Enriquecido con 200 fotografías espléndidas y gráficos y tablas, el libro se dirige tanto a principiantes como a fotógrafos de nivel intermedio y avanzado que se plantean cristalizar una declaración personal por medio de la imagen. Es decir: es asequible sin caer en la simpleza y no se enreda en tecnicismos. Es una clase magistral que se actualiza con dos capítulos sobre el sistema digital de zonas y el procesamiento de imágenes con herramientas digitales. Pero si hay algo que hace de este texto una experiencia singular y memorable es que no se limita a la técnica y rastrea las dimensiones filosóficas, expresivas y creativas de la fotografía. El autor lleva décadas siendo profesor y se nota. Vaya si se nota: es como sentarse en un aula para recibir una clase particular que invita a atreverse con la parte más creativa de la fotografía. Con la magia en estado puro.

Como bien apunta el autor, "en el mejor de los casos, una fotografía trasmite el pensamiento de una persona (el fotógrafo) a otra (el espectador). En este sentido, es similar a otras formas de comunicación artística no verbal como la pintura, la escultura y la música. Una sinfonía de Beethoven le dice algo a sus oyentes, un cuadro de Rembrandt habla a sus espectadores, una estatua de Miguel Ángel se comunica con sus admiradores. Beethoven, Rembrandt y Miguel Ángel no pueden explicar el significado de sus obras, pero su presencia no es necesaria. La comunicación se consigue sin ellos. La fotografía puede ser igual de comunicativa".

Y es que para Barnbaun la palabra fotografía "tiene un significado mucho más profundo del que tiene en su uso diario. Una fotografía auténtica posee una característica universal que va más allá de la implicación inmediata con el tema o los eventos que representa. Miro retratos de Arnold Newman o Diane Arbus y siento que conozco a las personas fotografiadas, aunque nunca las haya visto en persona. Veo paisajes de Ansel Adams, Edward Weston o Paul Caponigro y siento la grandeza de las montañas, la delicadeza de las pequeñas flores o el misterio del bosque nublado, aunque nunca he estado en los lugares en los que colocaron el trípode". Ve la fotografía callejera de Henri Cartier-Bresson y siente el entusiasmo "de su 'momento decisivo' capturado para siempre, aunque no estaba junto a él cuando se produjo. Incluso veo un árbol de Jerry Uelsmann flotando en el espacio y siento el estremecimiento surrealista que rodea la imagen. Puedo hacerlo porque el artista me ha trasmitido correctamente un mensaje. La fotografía lo dice todo. No es necesario nada más". Y punto.

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