Arte
La Diva del Art-Déco
Tamara de Lempicka vuelve a Madrid a través de su obra

Obra de Tamara de Lempicka.
adriana suárez
En el verano de 1932, Gil de Escalante describía a Tamara de Lempicka (1898,1980) estudiando a los maestros antiguos en el Prado. Ahora vuelve a Madrid, pero esta vez para brillar con luz propia a través de sus obras en el Palacio de Gaviria en Madrid. La exposición demuestra la consistencia de apelativos como el de "Reina del Art Déco" o "Icono Déco", pero además pone su obra en el contexto histórico y en conxión con moda, música, decoración, gráfica, fotografía y orfebrería.
Todos los objetos expuestos junto a las obras de Lempicka son de artistas que participaron en la exposición Internacional de la Artes Paris de 1925, el acontecimiento que dio un espaldarazo internacional al movimiento Déco, que se impuso en los años 20 a escala global. Son los años de la "Revue Negre" y el vestido de plátanos de Josefine Baker, de las locuras narradas por Francis Scott Fitzgerald, del charleston? hasta que la fiesta terminó bruscamente con la entrada de los años 30 con la gran crisis económica mundial y las dictaduras y los felices años 20 se esfumaron.
Hay artistas que acaban siendo devorados por sus personajes como Frida Kalho o Andy Warhol salvo en el caso Tamara Gurwick-Gorska. Ella misma creó a Tamara de Lempicka y propició su personaje forjado a base de mucha fuerza de voluntad y un sistema de marketing adelantado a su tiempo. Fue una artista culta, femenina, andrógina, sensual, seductora, que posaba cómo las divas de Hollywod y que triunfó de forma internacional desde sus inicios.
Su alocada vida le sirvió de inspiración, lujo, elegancia y transgresión. Retrató a la adinerada burguesía de la época, a sus amantes femeninas, a ella misma, reflejando las conquistas femeninas de la época, como su famoso retrato conduciendo un Bugatti verde o fumando en público. Sus retratos, en general, son como un bajorelieve de una sola figura, en colores brillantes, de volúmenes poderosos que llenan todo el campo del lienzo.
Hoy en día se reivindica tanto su obra pictórica cómo su actitud vital, venerada por Madonna, su gran coleccionista. La gran aportación de Tamara de Lempicka es la amalgama de referencias geográficas formales y corrientes: el futurismo de Valentine de Saint-Point, la modernolatría de Boccioni, las apropiaciones formales del cubismo ruso-francés, la vuelta al orden franco-italiana. Un polaco inventó el esperanto y ella polaca, también, el esperanto artístico.
La gran virtud de esta exposición es la seductora atmósfera art-déco que han creado en sus salas palaciegas, con el mobiliario, la moda y la maravillosa música de los años 20. Imposible un escenario mejor para contemplar la obra de una artista imprescindible para comprender el siglo pasado, con un final acorde a su sofisticada personalidad: mandó repartir sus cenizas desde un helicóptero en el cráter del volcán Popocatépetl.
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