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Entrevista | SUSANA CARRO | filósofa y escritora

"Hay que fortalecer los vínculos entre mujeres"

"Hemos hecho una simbiosis entre la concepción del amor heredada del Romanticismo y el capitalismo, un fracaso"

Susana Carro.

Susana Carro. RICARDO SOLÍS

Doctora en Filosofía, profesora, escritora y coordinadora del colectivo artístico "OffMothers", Susana Carro (Mieres, 1971) ha indagado en numerosos artículos, cuatro libros y varias propuestas artísticas colectivas sobre las mujeres, el cuerpo, la maternidad o la influencia de Simone de Beauvoir y El segundo sexo en el actual feminismo. Acaba de publicar el ensayo Cuando éramos diosas (Trea).

-¿Por qué las mujeres necesitan una ideología propia?

-La respuesta la dio hace mucho tiempo Simone de Beauvoir. Las mujeres vivimos dispersas entre los hombres, más conectadas a éstos que a las otras mujeres. Hay que lograr que los vínculos entre nosotras sean más fuertes, y hacerlo a través de una ideología que tenga en cuenta nuestros problemas. El objetivo es producir cambios. Una ideología que predique, por supuesto, la igualdad entre hombres y mujeres, ausente en nuestras sociedades.

-Señala en su libro una paradoja: la mujer ha adquirido igualdad de derechos, pero sin traducción en los hechos. ¿A qué se debe?

-A que carecemos de esa ideología propia. Hemos conseguido la igualdad ante la ley, aunque somos incapaces muchas veces de practicarla. En el libro apunto a dos razones: la construcción del cuerpo de la mujer como concepto y la del amor. Son dos elementos claves a la hora de definir nuestras vivencias y comportamientos cotidianos. Son el reducto de una ideología ancestral, la ideología patriarcal.

-Pese a la brevedad de su estudio, rastrea una sostenida estética de la resistencia de género. ¿Cuáles serían sus características?

-Hablo de la necesidad de dotarnos de una estética, de un corpus conceptual que nos permita examinar con precisión la situación de las mujeres en la sociedad. Y recorrer el ámbito del arte como plataforma expositiva de las carencias ideológicas con que vivimos las mujeres. Esa resistencia de género aunaría la ética y la estética. El arte ofrece un mayor poder de difusión y seducción. Hay que crear modelos de vida y universos simbólicos alternativos.

-Subraya, en ese sentido, la importancia simbólica del arte...

-Sí, sí, precisamente. El arte nos dota de referentes que, muchas veces, movilizan hacia la acción y el cambio de nuestras costumbres. El ejemplo más claro es cómo se ha venido representando la maternidad. Y se ha hecho, gran paradoja, a través de las vírgenes. ¿Cómo es posible que una virgen sea madre? Esas paradojas de nuestro universo simbólico frenan muchas veces nuestra acción. Son representaciones ridículas que no nos sirven para manejarnos a día de hoy. La estética de la resistencia de género propone un elenco simbólico, pero también quiere contribuir a la construcción de una perspectiva crítica de género.

-Despliega su análisis para explicar cómo la mentalidad patriarcal se ha ejercido especialmente sobre el cuerpo de la mujer y en la concepción del amor, incluido el gestado por el Romancismo.

-Hemos heredado esa concepción del amor y hecho una simbiosis entre esa forma y el capitalismo. Así, muchas de las vivencias emocionales de las mujeres son una especie de tortura, de paradoja. Se busca un amor idealizado que hay que ejecutar en la vida cotidiana; Romeo y Julieta nunca lo lograrán. Desde el capitalismo se pretende que esa idea romántica del amor se puede mantener a lo largo del tiempo y en la vida cotidiana. Una ideología que lleva muchas veces al fracaso emocional. Durante mucho tiempo, las mujeres vivieron ese fracaso sin manifestarlo al carecer de independencia económica. El amor romántico sirve al capitalismo como material para el consumo.

-¿Qué entiende usted por patriarcado?

-Se entiende muy bien analizando su ejercicio y su política sexual, que es un conjunto de relaciones políticas, sociales o económicas por las que un grupo de población queda bajo el control de otro. Una política sexual que es de dominación y está presente en todas las actividades, a veces de forma inconsciente.

-Aboga por lo que llama "sororidad". ¿No es una manera de darle la vuelta al calcetín del patriarcado?

-No. La "sororidad" debe entenderse como una reacción a la no solidaridad de las mujeres. Es una toma de conciencia de las desigualdades que sufrimos. Es un sentimiento de unidad y una declaración de principios. Su objetivo último, como el del feminismo, es alcanzar la igualdad. El feminismo, que busca la igualdad, no es un antónimo del machismo. Para alcanzar esa igualdad, posiblemente sea necesario un momento de solidaridad entre las mujeres, una conciencia de género. La solidaridad de los obreros fue imprescindible para la aparición de un movimiento que produjo notables cambios.

-¿La "sororidad" como solidaridad de género?

-Pues sí, es una buena traducción. El objetivo último no es la diferencia, sino el sentimiento universal de solidaridad entre todos los individuos.

-Desde el mismo título de su libro hay algo así como una defensa del matriarcado, pero como elogio de la crianza y del cuidado del prójimo...

-Vivimos la exaltación de los héroes patrios astures, Pelayo y compañía. Una historia desde la voz del hombre y la victoria frente al extranjero. Pero hay hallazgos arqueológicos en Asturias tan sorprendentes como el camarín de las vulvas (en la cueva de Tito Bustillo). Es curioso ver que esas imágenes, que pudieron dar lugar a un relato sobre el cuerpo femenino, no triunfaron. Triunfaban el mito de la guerra y sus símbolos. No canto al matriarcado, sino a la creación de un universo simbólico en el que no se rechace el cuerpo de la mujer.

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