Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La vanidad en la hoguera

La vanidad en la hoguera

La vanidad en la hoguera

La hoguera de la vanidad más segura es el tiempo. Lo sólido, permanece; lo volátil, se disipa. Tiempo y gravitación universal caminan de la mano mientras con parsimonia la hojarasca se entierra. Ocho y cuatro son doce, aunque, cuidado, el tiempo también miente, oculta realidades o las traviste durante siglos. Los libros de reciente edición son hojas de hoy, hojarasca de mañana la mayoría. ¿Por qué trataría yo de salvar del incendio del tiempo algunos libros de reciente publicación?

El despertar del alma, de David Hernández de la Fuente, intentaría sin duda llevármelo ya que me aclara por qué no cesamos de soñar con alcanzar la edad de oro. Una vez que reconocemos que ese tiempo nunca ha existido ni podrá llegar a existir, descubrimos que está ahí desde siempre para tensionar nuestro espíritu. El mito, bien entendido, no engaña. La vida social requiere del orden que el dios Apolo se ocupa de asegurar. Pero, y aunque sea en una proporción menor, tan importante para el equilibrio como lo apolíneo es la intervención, si quiera sea esporádica, de Dioniso y de su amor por Ariadna, la mujer elegida para ser convertida en inmortal. Amante también de la humanidad en general, el dios de la vid deja entrar a su fiesta a sátiros, silenos y ménades; el sexo, el vino y el desvarío hacen su juego.

Hernández de la Fuente lleva a cabo un análisis académico -sin concesiones a la divulgación fácil- sobre la influencia de lo dionisíaco en la historia, pero tras los datos analíticos late una enseñanza profunda: la estética dionisíaca no se mueve por un afán de desorden irracional y fatal, como tantos creen; sino que se entiende, sobre todo, por la necesidad de las catarsis que, esporádicas, son una cura para el alma. Y entender esto tan sumamente sencillo es, creo yo, vital. Lo salvo de las llamas del tiempo.

En busca de lo absoluto, de Arthur Koestler, también me lo quedo. Es un buen ejemplo de articulación entre la ciencia y la filosofía. Desde el punto de vista del periodista y del hombre común bien informado, más que desde ninguna academia, el autor se propone abarcar una filosofía que nos permita dirigirnos hacia algún objetivo firme. El diagnóstico es trágico. Muchos síntomas apuntan a un hecho angustioso: quizá seamos un error evolutivo, vista nuestra sangrienta e inhumana historia. Pero es preciso buscar una salida, ya que acaso exista. Y al buscarla con las mejores herramientas -pertrechados de filosofía, ciencia y arte-, no podemos desconocer cómo hasta ahora hemos venido a fracasar siempre. Nuestra reiterada caída no procede del pertinaz individualismo personal, como algunos estiman, sino de un modelo hasta ahora siempre errado de integración social. Por esta sagaz prevención merece ser salvado.

En la huida, alcanzo a atrapar también La balada del Norte, un nuevo cómic de Alfonso Zapico. Sus imágenes de mísera supervivencia junto a las de ternura se entreveran con verosimilitud, su texto consigue un equilibrado análisis histórico de la revolución asturiana, y, en este centelleo de circunstancias, la poesía de su mirada y la filosofía de su reconstrucción histórica se diluyen una en otra. Por eso me lo llevo.

Compartir el artículo

stats