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Música

María Teresa Prieto, el reconocimiento pendiente

La compositora asturiana es autora de referencia, con una obra merecedora de mayor conocimiento

María Teresa Prieto.

María Teresa Prieto.

Las compositoras han estado, de manera sistemática y salvo alguna excepción, apartadas del repertorio tradicional que habitualmente interpretan la orquestas sinfónicas en teatros y auditorios. En este sentido, no han tenido mejor suerte que en otras disciplinas artísticas. La labor de la mujer ha estado enmascarada, en un segundo plano, e incluso en ocasiones trabajando de forma oculta para esposos o familiares que se llevaban la fama de un esfuerzo en común en el que ellas muy pocas veces conseguían tener visibilidad. Hay abundantes ejemplos, a lo largo de los siglos, de un silenciamiento continuo y premeditado.

En nuestros días la situación ha comenzado a evolucionar y desde hace unos años autoras de primer rango sí que tienen la capacidad de llegar al público cada vez con más fuerza, y sólo con el mérito y el talento creativo como filtro. Aunque la situación no esté del todo normalizada, al menos sí que se está en camino de equilibrar razonablemente la presencia de las compositoras en las programaciones musicales.

Asturias tiene en María Teresa Prieto (Oviedo, 1896-Ciudad de México 1982) una autora de referencia y, por desgracia, no es su obra todo lo conocida que debiera pese a la calidad de su catálogo. Nació en una familia de fuertes raíces musicales que hoy siguen en activo, especialmente en el violonchelista Carlos Prieto y su hijo el director Carlos Miguel Prieto, que hace unas semanas dirigió a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

La compositora ovetense tuvo formación musical temprana con Saturnino del Fresno, uno de lo nombres significativos de la vida musical ovetense de la primera mitad del siglo XX. Con él se acercó al mundo del piano y descubrió la obra de J. S Bach, cuya obra tendría gran influencia posteriormente en la forma de escribir de Prieto. Madrid fue otro jalón en su actividad formativa que se vio abruptamente interrumpida por el estallido de la Guerra Civil, hecho que la obliga a exiliarse en México, a finales de 1936, país en el que su hermano Carlos tenía una sólida posición económica y, a la vez, una vida intelectual del más alto interés que sería muy bien aprovechada por la compositora. De hecho, ella entra en contacto con Manuel M. Ponce, su último maestro, y con todo el círculo del nacionalismo musical mexicano con nombres como Carlos Chávez -que estrenó muchas de sus obras en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México con la Orquesta Sinfónica Nacional-, o Silvestre Revueltas. Por el domicilio familiar, además, pasaron también músicos como Stravinsky o Milhaud y otros significativos del exilio republicano español como Rodolfo Halffter o Adolfo Salazar.

La música de María Teresa Prieto evolucionó desde parámetros más tradicionales hacia otros de plena vanguardia, plenamente inserta en las corrientes musicales de su tiempo y en su catálogo hay algunas de hermosa evocación del Principado como la "Sinfonía Asturiana" o la "Sinfonía de la Danza Prima". En España su obra comenzó a conocerse gracias a Ataúlfo Argenta que estrenó, al frente de la Orquesta Nacional de España, su poema sinfónico "Chichén-Itzá". Aparte de su obra sinfónica, es también muy interesante su trabajo de música de cámara, sus ciclos para voz y piano y sus "Veinticuatro variaciones para piano". En la puesta en valor de la obra de María Teresa Prieto hay que destacar el gran trabajo realizado por José Luis Temes, en la catalogación y también grabación de la parte sinfónica. El próximo año se cumplen 125 de su nacimiento. Debiera ser un buen momento para poner al día y mostrar al público buena parte de su legado.

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