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Realismo mágico polaco

Un lugar llamado Antaño, de Olga Tokarczuk, una novela sobre el paso del tiempo que invoca el mito

Realismo mágico polaco

Realismo mágico polaco

He leído dos novelas de la aclamada premio Nobel de Literatura Olga Tokarczuk -las dos que Anagrama ha publicado traducidas al español- y percibo en ellas la inspiración del realismo mágico de Grass y García Márquez antes que los ecos de Sebaldque algunos han querido atribuirle a su obra.

De hecho, la novela cuenta la vida de un pequeño pueblo situado en el corazón de Polonia, un microcosmos por el que transitan esos personajes extraños y atrabiliarios que tanto se prodigan en la gran tradición de la novela centroeuropea rodeados de cierta aura metafísica, en lugares donde la materia se crea y surge de la nada. Personajes irrelevantes que no amenazan el equilibrio de un mundo que, sin embargo, ya se está tambaleando por los cambios. La historia se atraviesa en el camino y lo va recorriendo. Primero son los gendarmes del Zar, después aquellos sujetos de uniformes negros con la esvástica, y luego otros que visten otros uniformes y portan una estrella roja. Pero también está el factor humano: Misia, Michal, el Hombre Malo, Kloska, el señor Popielski?

Un lugar llamado Antaño puede leerse como una novela sobre la vida rural polaca en una época turbulenta de guerra y transformación política, pero también como una parábola de las existencias humanas complicadas. Psicológica y metafórica al mismo tiempo. La clave para penetrar en ella es el mito que crea y describe el mundo como patrón universal del destino humano. El lector se encontrará, además, en sus páginas un sentimiento romántico hacia la naturaleza y un diálogo entre Pascal y la Ilustración, un concepto racional de la percepción de Dios y una visión gnóstica. Y, como no podía faltar en el contexto literario en que se enmarca, un canto a la supervivencia y la lucha contra uno mismo, las normas morales y religiosas, la propia historia y un intento desesperado de los personajes por encontrarle un sentido a sus existencias. El comienzo de la novela sirve para avanzar sus intenciones: "Antaño (Prawiek, en el original) es un lugar situado en el centro del universo". Tokarczuk recrea las cuatro fronteras del pueblo custodiadas por arcángeles y cuenta cómo, en el centro del lugar, Dios erigió una colina que cada verano es invadida por una multitud de abejorros y que por eso se llama la Colina del Abejorro, "porque a Dios le corresponde crear y al ser humano dar nombres". Igual que los de sus vecinos cuyo destino persigue hasta los años noventa. Guerra, paz, otra vez guerra, vuelven los tiempos revolucionarios e imponen el nuevo orden que requiere una rápida adaptación y, finalmente, el cambio esperado. Los habitantes de Antaño no se enteran de ello por los periódicos ni por los mensajes que difunden los heraldos, sino por los temblores que suscitan en la pequeña población.

Estamos ante una novela más sobre el paso del tiempo que transcurre inexorablemente y que produce las transformaciones sociales en las vidas humanas. Leerla no supone gran esfuerzo y, en ocasiones, estimula el placer por ese tipo de literatura que sigue el curso seguro de la creatividad y la invención con el fin de asombrar y enganchar a un número mayoritario de lectores. Es la tercera de las ocho novelas de su autora y se podría decir la antesala del éxito que vendría a continuación y que culminó en 2019 con la obtención del Nobel y el Man Booker, un año antes, por Los errantes.

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