Hacia 1965 Camilo Sesto todavía no era Camilo Sesto sino Camilo Blanes, el cantante de un grupo bautizado Los Dayson. El conjunto, así se llamaba entonces a las bandas, quería tocar en Los Boys, una discoteca del barrio de Usera que lo petaba en Madrid. Pero no había manera. Hasta que quien luego sería campeón de España del peso welter Dum Dum Pacheco y sus colegas, la banda de macarras conocida como los Ojos Negros, hablaron con el dueño. Y no solo tocaron sino que tuvieron un exitazo día tras día y los macas se llevaron un porrón de billetes. Esta es solo una de las innumerables anécdotas recogidas en Macarras interseculares, o sea del XX y del XXI, cuyo subtítulo lo deja todo claro: Una historia de Madrid a través de sus mitos callejeros. El libro, del antropólogo cultural Iñaki Domínguez, es entretenidísimo pero, lejos de ser una anécdota, es una pieza clave para conocer la calle del último medio siglo.