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MÚSICA

Percepciones y seguridades

Los incidentes que llevaron a cancelar una función en el teatro Real de Madrid

Un momento de la representación de "Un ballo in maschera" del Real.

Un momento de la representación de "Un ballo in maschera" del Real.

Es curioso como en este mundo tan cambiante que vivimos se pasa del blanco al negro en un segundo y sin ningún matiz de por medio. El pasado verano se celebró -casi se vio como un orgullo nacional- la reapertura del teatro Real en plena pandemia con unas funciones de

Sin embargo, la semana pasada en una de las funciones de Un ballo in maschera, también de Giuseppe Verdi, que abre temporada todo se vino abajo. Espectadores de los pisos altos, alarmados porque no se mantenían las distancias de seguridad en sus butacas mientas observaron que los asientos de patio ocupados sí estaban separados, protestaron con tanta energía que reventaron la sesión. Pese a los intentos del teatro de ofrecerles alternativas, un pequeño sector se negó a aceptar cualquier propuesta alternativa y llevó a la cancelación y al escándalo subsiguiente que merma notablemente la imagen del teatro y genera inseguridades en un mundo que está herido de muerte por la pandemia.

¿Cuál es la diferencia en poco más de un mes? Un cambio en el protocolo de los teatros en la Comunidad de Madrid que ya no obligaba a mantener las mismas medidas de meses atrás. Una modificación que, está claro, el teatro Real no supo comunicar adecuadamente al público y éste, en buena lógica, manifestó su malestar ante el miedo a un contagio. Quizá lo más grave es que sus responsables, pese a cumplir los requisitos legales, no supieron leer el contexto de las nuevas representaciones. Con los contagios desbocados en Madrid un mínimo de sentido común hubiera aconsejado una marcha atrás preventiva, restringiendo las entradas a la venta. Algo que, curiosamente, parece que sí se ha hecho después de la protesta. La cultura es un sector con muy buen grado de seguridad siempre que se atienda a criterios estables y muy ligados a la evolución de la pandemia. Todo aquello que se perciba como poco fiable -y ahí entran también percepciones subjetivas- juega a la contra.

Los protocolos han de seguirse sin descuidos y más vale pecar por exceso con el fin de evitar cualquier contratiempo. Entiendo que la presión económica es enorme, sobre todo en funciones de ópera en las que los costes de las representaciones son muy altos y de difícil rebaja. Pero esto no puede ser motivo para forzar la venta de entradas bajo ningún concepto hasta que exista un control razonable de la propagación del virus. La percepción de seguridad, insisto, es esencial para la generación de confianza. Si esta se rompe, mal vamos. El ejemplo de lo ocurrido ha de ser una alerta que debe estar presente en todas las programaciones. La clave es salvar los ciclos y para ello una vigilancia continua de las normas es la mejor garantía para todos, artistas y público. Cualquier tipo de atajos puede acabar teniendo consecuencias muy negativas.

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