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La vida en la literatura

Vargas Llosa reflexiona sobre la tarea del narrador y nos invita a entrar en su taller en La realidad de un escritor

La vida en la literatura

Rara vez el lector que lee a fondo un libro o a un autor puede satisfacer el deseo de saber cómo se hizo la obra. Los escritores, sean de textos literarios o científicos, no suelen dar a conocer sus motivaciones y su manera de trabajar, por guardar el secreto o el misterio, o quizá porque presumen que el asunto carece de interés. El caso de Mario Vargas Llosa, por eso merece una celebración y un agradecimiento, es justamente el contrario. Lector empedernido y autor prolífico, no ha dejado de hablar de su proceso creativo en una labor de publicista que ha desplegado sin desmayo en todas sus formas. Él mismo se ha referido a esta faceta suya con humor al afirmar que se ha exhibido sin pudor alguno en cuantas ocasiones se le han presentado.

En 2017 fueron publicadas en un libro las conversaciones que mantuvo en el curso sobre literatura y política que había impartido en la Universidad de Princeton. Y ahora aparecen en español los textos del ciclo de conferencias que pronunció en inglés, en 1988, en la Universidad de Siracusa. Al mismo tiempo, la editorial Triacastela ha reunido, en sendos volúmenes, sus opiniones sobre el Perú y un largo encuentro con Fernando Savater en torno a diversas cuestiones polémicas. En el título que reseñamos, Vargas Llosa reflexiona sobre el trabajo de escritor y explica cada una de sus primeras novelas. Expone su concepción de la literatura, divaga sobre los diferentes géneros y a partir de su experiencia personal contrasta el oficio de narrador con el de periodista o historiador. El sueño holgadamente cumplido de Vargas Llosa ha consistido en ser un escritor por encima de todo, a tiempo completo, profesional. Con orgullo recuerda que él fue el primer escritor peruano que se ganó la vida escribiendo. El verdadero escritor, piensa, está absorbido por la insobornable vocación de escribir. Esa mística es la causa de la nerviosa inseguridad que siente cada vez que se pone ante el folio en blanco, que supera a base de emborronar al tuntún el papel, calmar la ansiedad y reconducir el barullo mental.

Para Vargas Llosa, la faena comienza en un caos del que el autor, poco a poco, extrae un orden. Se rinde en admiración hacia Borges, al que considera un escritor perfecto, pero advierte que no pudo ser novelista porque la hegemonía de su intelecto le privó de experimentar la vida en todas sus dimensiones. Y la literatura, la novela sobre todo, no es un mero juego. Remueve emociones, actitudes, ideas, y produce efectos sensibles en la vida de la gente. Las grandes novelas, “El Quijote”, “Moby Dick”, “Guerra y paz”, son aquellas que en cientos de páginas, la extensión es importante, contienen la totalidad de la experiencia humana.

Durante tres años, Vargas Llosa relegó su dedicación literaria por la política. Aquella aventura no pudo acabar peor, pero lo cierto es que la relación entre ambas pasiones es una constante en su andadura. ¿Literatura o política? Lo primero es la vida, como ya dijo el gran Gaziel, y las dos están disueltas en ella. La política organiza la coexistencia de los seres humanos, y con los animales, habría que añadir. Por tanto, la antipolítica es una terquedad necia e inútil. La literatura, por su parte, surge de la necesidad del individuo de encontrar su lugar y dar sentido a un mundo que se le presenta descomunal, caótico y vertiginoso. Pero la pregunta es tentadora y vuelve. La literatura sin política, responde Vargas Llosa, no está completa, y aunque no es el vehículo adecuado para el discurso político, puede ayudar al político a expresar mejor sus ideas y acercarlo al ciudadano. Por el contrario, la política ajena a la influencia de la literatura se queda en pura palabrería.

Vargas Llosa aspira a apresar la vida con la literatura, a sabiendas de que es un objetivo inalcanzable. Aquí nos invita a entrar en el taller donde manufactura los textos que reflejan los azares, las contradicciones y los conflictos de la vida en un lenguaje común, que sin embargo resulta cautivador. Y nos hace de guía. Explica el concepto de novela, las técnicas de su arquitectura, sus afinidades y diferencias con la historia, la poesía o la columna de prensa, la relación del escritor con las injusticias de este mundo y, en fin, el sentido de escribir. Una vez más, Vargas Llosa se descubre, lo que no quiere decir necesariamente que se haga transparente.

La realidad de un escritor

Mario Vargas Llosa

Editorial Triacastela

214 páginas, 18 euros

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