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Trozo de realidad

Ovidio Parades retrata la vida de una mujer en ruinas en “La noche se detiene”

Cultura - Libros

Ovidio Parades (Oviedo, 1971) es como un cirujano: recorta la realidad aquí y luego allí y, al final, salva la pieza extrayendo de ella la historia que de normalidad contiene en su interior. Parades hace como decían que hacía Buonarroti: descubre la “Pietà” en el interior de un bloque de

El futuro nunca es lo que era cuando aparecía allí a lo lejos, cuando el futuro era una meta y no una frustración. Parades, de verdad, recompone la realidad y la infelicidad invade el pensamiento corrido de su protagonista, de esta Julia que cuida por las noches a una vieja impertinente, de esta mujer que no consigue amarrar sus objetivos y que sólo se pregunta quién llama en mitad de una tarde que en realidad es el amanecer después de una noche nebulosa. “La noche se detiene” es lo mejor de Parades porque Parades descubre la historia que había ensayado en sus otras dos novelas y, sobre todo, en sus prosas de diario. Que Parades ya es un fijo de nuestras vidas y que tenemos que decirlo muy alto.

El escritor escoge una mujer en ruinas: por la vida, por el pasado, por el paro, por el desamor, por la traición; escoge una mujer normal y corriente. La coloca en el precipicio, “en una noche oscura, / con ansias en amores inflamada”, pone a Tom Waits, a Marguerite Duras, y espera a ver si esa mujer da un paso adelante. De eso va “La noche se detiene”, de esperar a ver si la tristeza se queda en el pasado y el futuro vuelve a funcionar como al principio de todo, cuando la Universidad formaba parte del paraíso y las noches eran más luminosas que los días. Parades acongoja. O más bien esa mujer que parece como si nada y lo es todo. La historia de Julia era la historia que Ovidio Parades tenía que contar hace tiempo. Pérez Galdós lo explicó en su discurso de entrada en la Academia: “Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción...”. Ovidio Parades lo cumple todo.

La noche se detiene

Ovidio Parades

Trabe

116 páginas 13 euros

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