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En torno a lo visible

Jorge Quijano propone una reflexión sobre la representación plástica en la galería Bea Villamarín

Vista de la exposición  de Jorge Quijano.

Vista de la exposición de Jorge Quijano.

“Disipación” es el título de la muestra que Jorge Quijano (León, 1973) presenta en la galería Bea Villamarín de Gijón, una serie de óleos de formatos diversos en los que, desde la abstracción formal, plantea una reflexión sobre la pervivencia de la pintura y sobre el uso de las imágenes en el mundo actual. Sorprende el uso de una técnica y unos soportes tradicionales –tabla y lienzo– para la conformación de una obra poco convencional, en la que el motivo representado es la propia materia, una pintura que habla desde ella misma y desde el proceso que la ha configurado, con un lenguaje plástico muy personal que conecta con el espectador. En el texto de presentación, el autor plantea cómo la saturación de imágenes presentes en el día a día, altera la percepción de la realidad; tras este planteamiento, se halla todo un proyecto vital y creativo.

El arte siempre ha sido un refugio para el ser humano y un territorio para la reflexión sobre asuntos concernientes a la vida. La era digital ha invadido el mundo con imágenes banales que desvirtúan el valor y el sentido que hasta hoy han tenido las artes plásticas. Jorge Quijano profundiza en estos temas, indaga en cuestiones ligadas al arte y la tecnología, a la digitalización de la imagen y a su pérdida de definición. En su publicación “En torno a lo visible, la fuga en las artes plásticas”, recoge una serie de aspectos que han ido derivando hacia sus propias propuestas artísticas, favoreciendo una profunda reflexión sobre el papel de la tecnología y los programas informáticos en la creación de nuevas imágenes, o cómo su almacenamiento y manipulación en nuestros dispositivos móviles ha desencadenado estados de indefinición entre lo que es o deja de ser una obra de arte. Están latentes en su trabajo las reflexiones de Walter Benjamin en torno a la pérdida del aura en “La obra de arte en la época de reproductividad técnica”, pero también lo está el análisis de la creación desde la perspectiva digital; de cómo el mundo de la plástica y, especialmente el de la pintura, se está viendo abocado al uso de herramientas digitales como alternativa posible para su supervivencia, recordándonos otros momentos de la Historia como aquel en el que la irrupción de la fotografía favoreció la renovación de la pintura.

“Disipación 5”

Es en este contexto donde se enmarca “Disipación”, una decantación del pensamiento del autor y de sus experiencias plásticas anteriores, y una apuesta por la pintura-pintura que viene a resarcirla de los excesos virtuales. La ductilidad del óleo permite una riqueza de registros que se mueven entre el gesto expresivo y libre y el rigor racional del proceso. Desde la distancia, las obras recuerdan imágenes pixeladas o, como ocurre en “Disipación 1”, un efecto niebla que incita a quedar contemplando la obra esperando la aparición de alguna imagen; sensación que se desvanece en la proximidad, al advertir la solidez y contundencia de una masa cromática que evidencia el valor concedido a dicho proceso. La densidad matérica de cada cuadro actúa positivamente en el observador, como si una descarga de luz y de color irradiara desde ellos gracias a la configuración de surcos y estrías que, perfectamente alineadas, actúan como canales de flujo energético. Algunas piezas, especialmente las de mayor formato, como “Disipación 5”, poseen mayor fuerza en esa irradiación lumínica y cromática, acentuada por el rigor formal de su gestación mediante sistemas reticulares y repetitivos que recuerdan estructuras como radiadores y disipadores térmicos y que también enlazan con las propuestas estéticas de otros artistas, como Pierre Soulages o Juan Uslé.

“Disipación 1”

Frente al consumo cotidiano y superficial de imágenes que nos llegan a través de las redes, y el exceso de información que satura nuestra mirada y nuestro cerebro, “Disipación” resulta, como poco, un ejercicio de reflexión sobre el futuro y el papel de la representación plástica mediante los procedimientos tradicionales, interfiere en la mirada del espectador, dialoga y transfiere esa energía necesaria en toda obra de arte, y que podríamos traducir como aura; el artista nos sitúa ante “una pintura cuya especificidad narrativa se traduce en la disipación del exceso en forma de energía social”.

El arte siempre ha encontrado su camino en los momentos de la Historia en que pudo sentirse desplazado por los avances tecnológicos; ahora podríamos estar viviendo uno de esos momentos de cambio, por ello es necesario fortalecerlo, apostando por aquellos artistas que, como Jorge Quijano, siguen creyendo en un arte necesario para la supervivencia y el enriquecimiento personal y social y para desvelar aspectos ocultos de la vida, como también afirma el filósofo francés Jean-Luc Marion: “Con el cuadro, el pintor, como un alquimista, trasmuta en visible lo que sin él hubiera permanecido definitivamente invisible”.

Disipación

Jorge Quijano 

Galería Bea Villamarín 

C/ San Antonio, 5, Gijón.

Hasta el 9 de marzo

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