Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los viajeros anónimos

“El autobús perdido”, de John Steinbeck, vuelve a mostrar la trastienda del sueño americano

Cultura - Libros

Hay quien no se quita la chaqueta jamás y hay quien se pasa la vida remangado. John Steinbeck era de los segundos. Una de las cosas que más llama la atención cuando habla de su trabajo como escritor es la determinación con la que cree en aquello que dice. Hasta tal punto, que es improbable que esté teorizando. Lo que afirma es una constancia, el resultado de unos actos. Tenía Steinbeck obsesión por los lápices, lo sabía todo: los grosores, las finuras, la adecuación entre lápiz y papel... En esos momentos es el artesano o el mecánico que conoce al dedillo sus herramientas; después es el escritor cuyo aliento se nota en la nuca. El autor de “Al este del Edén” no escribía por complacer. La editorial Nórdica vuelve a publicar una obra del escritor norteamericano, “El autobús perdido” (antes había publicado “Viajes con Charley”, “Los crisantemos” y “El invierno en mi corazón”), y su lectura me lleva a confirmar algo que debería parecerme evidente: que, a pesar de contar con obras monumentales, no existe en Steinbeck un libro menor. “El autobús perdido” es la historia de un viaje (algo recurrente en el norteamericano), un viaje sin tanta tragedia como el de “Las uvas de la ira”, pero no por ello menos significativo: un modesto autobús de línea cubre la distancia entre dos pequeñas localidades de California. Si hay viaje, hay viajeros. Viajeros, en principio, anónimos, intercambiables por los del día siguiente, pero es ahí donde intervienen el ojo y la convicción de Steinbeck: los seres humanos tienen, por un lado, problemas comunes y, por otro, sus problemas particulares. El escritor interviene entonces a través de una empatía propia del oficio: la de caracterizar a sus personajes de manera que el lector pueda percibirlos como propios y ajenos.

En el autobús de la novela viaja un grupo de pasajeros acompañados de sus frustraciones y de sus sueños. Podríamos decir que los protagonistas de “El autobús perdido” no renuncian a esa gran promesa de su patrimonio nacional que es el sueño americano. Aspiraciones modestas, ingenuas en más de un caso, pero que sirven de acicate y de consuelo ante días que se parecen unos a otros. Con su escritura, Steinbeck siempre está dispuesto a dotar de dignidad a todos aquellos seres (sean o no de ficción) que llevan sus espaldas cargadas de frustración. Es alguien que ve desde la azotea de un edificio regueros de hormigas que, atareadas, no paran yendo de un sitio para otro. Hasta que decide bajar a la calle. Entonces descubre que esas hormigas son distintas a él pero, a la vez, iguales. Entonces decide que es necesario ponerse a escribir.

“El autobús perdido” es una oportunidad para reencontrarse con uno de los pioneros de un género reconocible en la literatura norteamericana: la trastienda de ese sueño americano que más arriba cité. También es una oportunidad para volver a comprobar el brillante uso que Steinbeck hace del papel de la naturaleza como interlocutora y contraste: cuando las páginas de la novela de Nórdica se detienen a observar el paisaje, surgen fragmentos como el que sigue: “La luz se iba abriendo camino por el cielo y sobre las montañas. Llegó el amanecer incoloro de grises y negros, de modo que lo que era blanco y azul se veía plateado y rojo y lo que era verde oscuro se veía negro”.

Si a la Marvel o a DC Cómics les diera por iniciar una serie de tebeos en los que los superhéroes fueran conocidos escritores de la literatura universal, Steinbeck sería un serio candidato. Para facilitarles la tarea, recordemos, en palabras del crítico Javier Aparicio Maydeu, los orígenes de los superpoderes del premio Nobel: “Aprendió del norteamericano Frank Norris y de otros pioneros lo que representa el naturalismo: el fresco histórico, el determinismo biológico y social de la conducta del individuo, la idea de que puede existir un instinto colectivo, el análisis de la naturaleza humana y su escisión en individuo y en grupo. Aprendió de Jack London y de su narrativa nacida de la naturaleza; de Herman Melville y de la novela de aventuras cimentada en la épica y en un puñado de héroes luchando por la vida”.

El autobús perdido

John Steinbeck 

Traducción de Federico y Antón Corriente

Nórdica, 335 páginas

22,50 euros

Compartir el artículo

stats