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Bloc de notas

El amante de Lady Millet

La autora francesa, que escandalizó confesando su adición sexual, profundiza en D. H.Lawrence y su exploración del deseo femenino

Ilustración de Pablo García

Ilustración de Pablo García

David Herbert Richards Lawrence fue un escritor de espacios abiertos y de estrechos círculos íntimos. Los personajes de sus novelas entregan su intimidad al agua, la tierra y las estrellas. Describe los amores en comunión con una naturaleza indiferente; las heroínas de sus libros son mujeres modernas insatisfechas que no renuncian a sus deseos.

Catherine Millet, autora de una autobiografía sexual que trajo controversia hace unos años, se ha ocupado de profundizar en esa exploración del deseo con la que el escritor británico anticipó la liberación sexual femenina. Sí; hay que decirlo así, por mucho que D. H. Lawrence, en algún momento fuese considerado por las propias feministas, en concreto por algunas de sus colegas, como es el caso de Virginia Woolf, un aborrecible misógino. Yo diría que para serlo se esforzó lo suficientemente en tratar con mujeres; jamás podría haber buceado de la manera que lo hizo en su condición humana de no suceder de este modo. Hasta el punto que se convirtió en una especie de observador escrupuloso de los comportamientos femeninos en la historia de la literatura universal. Ahí están algunas de sus aclamadas novelas, “Hijos y amantes” (1913), “Mujeres enamoradas” (1920), “La serpiente emplumada” (1926) y “El amante de Lady Chatterley (1928), para probarlo. En ellas se puede comprobar, también, que solo los orgasmos femeninos están narrados con detalle, nada de ello en cuanto a los hombres.

Lawrence fue un escritor con inclinaciones homosexuales, algo atormentado por la contradicción e hijo de una época que no le ayudaba precisamente a superarla. Los recelos hacia una dominación femenina capaz, según él, de poner en peligro la propia virilidad masculina no le llevaron, sin embargo, a adoptar una posición indiferente o tibia ante el asunto. El tardovictorianismo en que se movió serviría, además, para que se le juzgase como un puritano y, después, como el hombre que anticipó la revolución sexual de la mujer. Partiendo de estas aparentes incongruencias, es el personaje, aún más que el autor, el que desprende el magnetismo que llevó a Catherine Millet, directora de “Art Press”, la publicación mensual de mayor prestigio del arte contemporáneo, a leer la obra de Lawrence en dos años, analizar las biografías escritas sobre él y los testimonios de las mujeres con las que mantuvo relaciones, hasta completar un sólido y entretenido ensayo sobre el hombre que cuestionó la moral de su tiempo, el utopista y el nómada, que, tras la experiencia de la guerra, emprendería lo que él mismo llamó su “peregrinación salvaje”.

A raíz de publicarse “Amar a Lawrence” se dijo que Catherine Millet había escrito una carta de amor a un autor con el que se ha sentido plenamente identificada, quizás por el paralelismo de explotar literariamente el deseo carnal contra la sociedad y lo social. O, lo que es igual, por tratarse, el “puritano” Lawrence, lo mismo que Millet confiesa de sí misma, de un escritor de sensualidad no reprimida decidido a hablar de ello desde el primer momento. Para la autora de “La vida sexual de Catherine M.” –una novela traducida a 45 lenguas y publicada igual que este ensayo sobre Lawrence por Anagrama–, el amor tiene la fuerza suficiente para derribar cualquier barrera social. Ella misma huye de casa a los dieciocho años para vivir su primera experiencia sexual, y cuando vuelve ya no puede quedarse porque la fruta ha caído del árbol y su vida empieza a ser incompatible con la de sus padres.

Si los personajes, en general, de Lawrence establecen comunión con la naturaleza, Millet cuenta cómo las mujeres de sus novelas no renuncian a ninguno de sus deseos ni a su voluntad, pero, sin embargo, están atravesadas por el inconsciente de la especie. Es ahí donde el escritor inglés trabajó de entomólogo de los automatismos femeninos para mostrarnos mujeres libres como nunca hasta entonces e insatisfechas como siempre, en palabras de la propia ensayista. Cómo emanciparse manteniendo vivo el deseo parece ser una preocupación de Millet acerca de cuestiones que siguen aún pendientes de resolver.

Cubierta del libro

Cubierta del libro

Amar a Lawrence

Catherine Millet Traducción de Jaime Zulaika

Anagrama, 216 páginas, 19,9 euros

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