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Mujercitas y pandemia: lecciones de un clásico estadounidense

La novela escrita por Louisa May Alcott en 1868 se convierte en 2021 en una guía de supervivencia contra el virus

Las March, en la adaptación de la novela de 1949.

Las March, en la adaptación de la novela de 1949.

Las hermanas March (Meg, Jo, Beth y Amy) se levantan el día de Navidad solas en su casa de Nueva Inglaterra. Su madre, en lugar de despertarse esa mañana con sus hijas, ha ido a visitar a las vecinas enfermas que viven en condiciones infrahumanas. Tras conocer la situación a través de la venerada señora March o “Marmee”, las cuatro hermanas deciden, aunque algo reacias al principio, donar su desayuno especial de Navidad a sus vecinas. Con esta lección de solidaridad y compasión comienza “Mujercitas”, una de las novelas más icónicas de la literatura estadounidense. Esta escena inaugural sienta el tono de una historia clásica cuyos valores siguen vigentes y que, incluso en una pandemia 150 años tras la publicación de la primera edición, puede servirnos de inspiración.

El contexto de “Mujercitas” tiene ecos muy lejanos, pero a la vez familiares, para el público lector en 2021. Nos une a las hermanas March una guerra: la nuestra contra un virus a nivel mundial, la suya una guerra civil que las ha separado de su padre, a quien sueñan con volver a abrazar. A esta precaria situación social y familiar se le añade a media novela la traumática muerte de Beth, la hermana favorita, por escarlatina, una enfermedad de transmisión aérea, por gotitas, que hoy en día tiene cura. Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia.

Y, a pesar de las circunstancias, nuestras mujercitas sobreviven como mujeres y como protagonistas indudables de una de las grandes obras del siglo XIX. El poder de la novela reside en su celebración de los momentos mundanos para recordarnos que más allá de los grandes momentos históricos que nos ha tocado vivir, la vida sigue. Así, unas zapatillas calientes, un libro nuevo o una cena en familia con música de fondo se convierten en refugios de trabajos, relaciones familiares, problemas de dinero e incluso guerras que parecen acaparar toda nuestra atención. Pero no es así.

En “Mujercitas” los naufragios, las traiciones en la corte o cualquier trama considerada digna de protagonismo en otras obras queda relegada a los libros que las cuatro hermanas devoran y, en su lugar, nos encontramos una historia que celebra lo mundano, lo doméstico y las rutinas circulares del día a día. El trabajo, las aficiones y las relaciones familiares y sociales nunca están libres de conflictos, pues la novela refleja a la perfección la complejidad de las relaciones humanas; son los pilares narrativos de la novela y de nuestras vidas.

La (re)lectura de “Mujercitas” se convierte tras un año de pandemia en una sesión de biblioterapia sobre preocupaciones y sufrimientos compartidos con las hermanas March, pero también llena de amables recordatorios sobre la importancia de las pequeñas cosas del día a día que hacen de nuestra vida lo que realmente es y, con el tiempo, se vuelven mucho más importantes que los llamados grandes eventos.

“Mujercitas” siempre ha sido un clásico de la Navidad por su amabilidad y su fortaleza, pero es mucho más. La novela nos recuerda que nuestra situación actual no es del todo única y que los aspectos más mundanos y cotidianos pueden, y deben, celebrarse como rebeldía ante una situación extremadamente compleja y dura. Y, para quienes la pandemia les haya robado la ilusión por la lectura, pero quieran reencontrarse con las hermanas March, la reciente adaptación cinematográfica de Greta Gerwig (2019) es toda una joya para una tarde, otra más, en casa.

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