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Día de la mujer

Mujeres en marcha

La llegada de Kamala Harris a la vicepresidencia de Estados Unidos da aliento a la lucha por un futuro más justo, diverso e igualitario

Ilustración de Pablo García

Ilustración de Pablo García

El 20 de enero de 2021 se producía el relevo en la presidencia de los Estados Unidos. Para que Kamala Harris jurara como vicepresidenta de la nación, la primera mujer de color en este cargo en los más de cuatro siglos de historia del país, fue fundamental el apoyo masivo de las mujeres y el activismo incansable de diversos movimientos liderados también por mujeres, como Black Lives Matter, fundado por Patrisse Cullors, Opal Tometi y Alicia Garza en 2012, o Women’s March (2016), además del ya internacional #MeToo (2017) o Time’s Up (2018), creado por artistas, productoras y directoras de las artes audiovisuales, cuyas acciones individuales y colectivas contribuyeron a que Donald Trump fuera derrotado en las urnas.

Fue precisamente la elección en 2015 de Donald Trump, un presidente abiertamente misógino, racista y transfóbico, lo que hizo reaccionar a numerosas mujeres, que, a partir de ese día, iniciaron los planes para la celebración de un evento a gran escala, la Marcha de las Mujeres, el primer día de mandato presidencial. La reacción contra Trump estaba justificada: en innumerables ocasiones se había jactado, con un lenguaje crudo y soez, de una conducta sexual inapropiada. Además, eran constantes sus insultos a mujeres que le llevaban la contraria (como Hillary Clinton o la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, que se negó a venderle Groenlandia), tildándolas de “nasty women” (asquerosas, despreciables), expresión de la que se apropiaron con orgullo muchas de las participantes en las marchas de protesta en Washington y otras ciudades del país. En ellas, millones de personas de toda clase, edad y condición se unieron contra la administración Trump y a favor de diversas causas: las mujeres y sus derechos reproductivos, la defensa del medio ambiente, los derechos de inmigrantes, musulmanes, personas de color, LGBTIQ+, o con discapacidades, que creían que serían las más vulnerables bajo la nueva administración. Mientras Kamala Harris animaba a no retroceder –“Nos levantaremos y lucharemos”–, la Senadora Elizabeth Warren exhortaba: “Podemos lloriquear. O podemos luchar. Venimos aquí para unir hombro con hombro y dejar claro: Estamos aquí. No estaremos calladas. ¡Lucharemos por lo que creemos!”.

Dejando a un lado diferencias de objetivos, varias organizaciones feministas se unieron en esta gran Marcha de las Mujeres y en la construcción de una coalición para avanzar en las reivindicaciones del feminismo interseccional, que defiende que las experiencias vitales están marcadas por la intersección de clase, raza, género, orientación sexual y otros condicionantes sociales que modelan la identidad. La confluencia entre el feminismo, la lucha antirracista y la defensa de los derechos humanos está tanto en la fundación de Black Lives Matter como de la Marcha de las Mujeres.

Las protestas de la Marcha en 2016 iniciaron una resistencia que continúa activa hoy. Aunque su objetivo principal fue movilizar a millones de mujeres para oponerse a la administración Trump y, en 2020, para derrotarlo a través de campañas masivas en todo el país, ahora sus esfuerzos se centrarán, entre otras acciones, en demandar que la nueva administración de Joe Biden implemente políticas progresistas, cree de nuevo los puestos de trabajo que las mujeres han perdido durante la pandemia y se aprueben leyes que beneficien a la gente trabajadora, al tiempo que organizan y forman a las mujeres en sus comunidades y tratan de combatir la desinformación digital.

El 20 de enero de 2021, la imagen en el Capitolio de Kamala Harris, la Dra. Biden y la joven poeta laureada afroamericana Amanda Gorman, con su inspirador “La colina que ascendemos”, nos dio esperanzas en un futuro más justo, diverso e igualitario, un futuro con mujeres fuertes, inteligentes, luchadoras y valiosas en todas las áreas de la sociedad.

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