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ENTREVISTA || Elizabeth Strout | Escritora, publica la novela “Luz de febrero”

“La pandemia influirá en la próxima literatura”

“Quiero escribir algo puro que refleje belleza y que la gente pueda sentirse reconfortada”, afirma la creadora de “Olive Kitteridge”

Elizabeth Strout.

Elizabeth Strout. Leonardo Cendamo

Elizabeth Strout (Portland, 1956) ganó en 2009 el premio “Pulitzer” por su novela “Olive Kitteridge”. La adaptación del libro por HBO dio lugar a una sensacional y multipremiada serie protagonizada por Frances McDormand. A esa obra maestra indiscutible siguieron otros títulos sobresalientes como “Los hermanos Burgess”, “Me llamo Lucy Barton”, “Todo es posible” y, ahora, “Luz de febrero”, secuela de “Olive Kitteridge” que arranca justo donde concluía la primera, con Olive ya jubilada de maestra. El escenario es el mismo: el pequeño pueblo costero de Crosby, en Maine. Volver a ese mundo de vidas cruzadas fue casi una imposición del destino: Strout se encontraba en Noruega tomando un café y “ella” –arisca, sincera a más no poder– surgió tras el volante de un coche como imagen imperativa, como personaje en demanda de más espacio en el que desarrollar su peripecia vital, tan común como singular, situada ante un espejo donde se refleja lo mejor y lo peor (la consideración que tiene de sí misma como madre) de su forma de ser y estar, mientras alrededor, con la sagacidad y lucidez habituales en la autora, se entrecruzan las vidas de Crosby.

–El título original es “Olive, again”. ¿Cómo ha sido el reencuentro con Olive Kitteridge? ¿Luminoso? ¿Esclarecedor? ¿Inquietante? ¿Cómo la ha visto a ella y cómo la vio ella a usted?

-Mi reencuentro con Olive fue más bien agradable. No esperaba volver a escribir sobre ella de nuevo, pero apareció y ahí nos tienes a las dos de nuevo. Como creadora que soy de ella hay un cierto halo de alegría. Me alegro que haya aparecido de nuevo. Fue divertido trabajar con ella.

–Con “Me llamo Lucy Barton” adelantó, de alguna forma, lo que sufrimos ahora con el confinamiento: dos mujeres, una habitación, cinco días…

Interesante observación esa la de adelantarnos a lo que estamos viviendo hoy en día. Por aquel entonces y de haber habido una pandemia, ni siquiera la madre de Lucy habría podido acceder a su habitación del hospital.

¿Cree que esta pandemia influirá en la literatura próxima?

–Opino que la pandemia ha de tener por fuerza una influencia en la literatura próxima, tal y tan profundo ha sido el impacto a nivel global; ha cambiado las vidas tan profundamente que costaría imaginar una literatura futura que no lo reflejara.

–“Todo es posible” y “Los hermanos Burgess” hablan de regreso a las raíces, de reencuentros, de tensiones entre lo que se es y lo que se fue. ¿Alguna vez se sintió usted misma una visitante de su pasado?

–Bueno, mi pasado no es el pasado de Lucy Barton ni el de la familia Burgess. Creo que el mayor choque en mi propia vida es el de la gran ciudad frente a la vida en el campo, más provinciana. Yo provenía de un pueblo en Maine y pasé a vivir en Nueva York durante 38 años, y en Maine la gente recela de los neoyorquinos. Y eso ha sido interesante para mí.

–Como creadora, ¿hay muchas diferencias entre lo que desearía escribir y lo que finalmente escribe, entre sus pretensiones y sus resultados?

–Buena pregunta. Lo que yo quiero escribir es algo puro y verdadero, que por sí sólo refleje la belleza y que la gente pueda leer y sentirse reconfortada y aprender más sobre sí mismos y los demás de un modo que ni se les habría pasado por la cabeza. Esto es lo que quiero hacer. Y cuando llego a la conclusión de un libro eso es lo que espero haber podido lograr ya que me meto tanto en los personajes y en el libro que no puedo ver con nitidez cuando ha terminado.

Elizabeth Strout. | Leonardo Cendamo

Elizabeth Strout. | Leonardo Cendamo

–El éxito de la serie de TV, ¿afectó de alguna manera a su proceso o rutina creativa? ¿Fue estimulante, perturbador, incómodo, satisfactorio?

El éxito de la serie de televisión me pareció maravilloso. A mi modo de ver todos los que participaron en ella hicieron una labor fenomenal. Pero de manera extraña me dio la sensación que tuvo muy poco que ver conmigo. No sé si me explico. Pero sí que me pareció excelente. No es que me inspirara o cambiara mi modo de ver a Olive ya que en mi cabeza Olive es una cierta persona y así siguió siéndolo.

–Ha dicho que no más Olive pero… ¿y si vuelve a Noruega, como ocurrió en esta nueva obra y la “ve” por la calle?

–En ese caso tendría que volver a escribir sobre ella. Aprendí a no decir “de este agua no beberé” cuando escribí el segundo libro. Ver veremos.

–Hay en “Luz de febrero” una inquietante a la par que cómica escena sobre un encuentro de un personaje –Jack– con un policía que se excita mientras le amenaza y le multa. ¿Existe ese temor real en la sociedad americana por los usos y abusos de las fuerzas del orden?

–Tristemente se producen constantes episodios de policías que hacen abuso de su autoridad en este país a diario. Y es mucho más probable que tal uso desmedido de fuerza recaiga en gente de color tal y como hemos visto una y otra vez. Eso no quita para que muchos, cuando no la mayoría de los policías, hagan una labor excelente, pero que hay quienes abusan de su poder, sí.

–¿Qué sintió durante el episodio del asalto al Capitolio por los fieles a Donald Trump?

–Me horrorizó el asalto al Capitolio. Me costaba creer lo que estaba viendo en los telediarios. Aún hoy me afecta.

Me horrorizó el asalto al Capitolio. Me costaba creer lo que estaba viendo en los telediarios. Aún hoy me afecta

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–¿Las heridas que ha dejado Trump en la sociedad americana tienen cura?

–Desconozco si las heridas ocasionadas por Trump acabarán restañándose. Estoy esperanzada muchos días que las cosas vuelvan un poco y a la larga al cauce habitual, pero los Republicanos de éste país –muchos de ellos– se han vuelto tan extremistas que incluso con Trump fuera de la presidencia se palpa la inquietud y eso me preocupa mucho en lo tocante al futuro de éste país.

–¿El mundo entero cabe en una población como Crosby?

–Espero que las vidas de la gente de Crosby (Maine) sean de algún modo lo suficientemente universales como para trascender esa ciudad por ende y a la inversa se podría decir que todo el mundo cabe en Crosby. La gente es complicada, ¿quién no lo es? Realmente complicada. Y aún a pesar de vivir en un lugar y una época en la historia yo espero que al escribir de manera tan honrada acerca del interior de las vidas de mis personajes muchos se vean reflejados en ellas.

–¿Cómo escritora, tiene licencia para espiar?

–¡Todos tenemos licencia para espiar y deberíamos! Creo que al observar a la gente de cerca, mirándoles y escuchándoles de verdad, todos podremos aprender más acerca de cómo es ser otra persona y deberíamos intentar saberlo. Nos hace más empáticos y no hace falta decir cómo pinta el mundo sin empatía.

–¿A qué da más importancia en el proceso de escritura, al impulso o a la planificación?

–El impulso es más importante para mí que la planificación. Cuando empiezo mi día de escritura siempre comienzo con un impulso, algo que siento como verdadero. Por eso escribo en escenas. La planificación viene mucho más tarde pero siempre de manera intuitiva.

–¿Los diálogos hay que afinarlos como las teclas de un piano para que suenen veraces?

–El diálogo ha de estar afinado si se quiere que suene veraz y transmita al lector el modo en el que suena el personaje. Es ésta una destreza que hay que aprender. En mi juventud leí muchas, muchas obras de los dramaturgos americanos y creo que eso me ayudó a escribir diálogo.

–Buscó usted al personaje de Olive o ella la encontró?

–Oh, Olive me encontró a mí. Sin lugar a dudas. La Olive original apareció de la que sacaba los platos del lavaplatos un día. ¡Pam! Allí estaba.

–¿Por qué cae tan bien Olive cuando ella se esfuerza por lograr todo lo contrario?

–He pensado en eso porque Olive puede portarse verdaderamente mal y entonces, ¿por qué tantos lectores la adoran? Bien, yo creo que se hace querer por ser sincera. Y en el segundo libro intenta ser aún más sincera consigo misma, si cabe. Y creo además que ella dice y hace cosas que la mayoría de la gente no hace pero puede que quieran hacer.

“Morir de covid en una residencia de ancianos se asemeja muy mucho a que te torturen”

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–Maine es el escenario habitual de las novelas de Stephen King. ¿Hay algo terrorífico en ese estado?

– Jajajajaja. ¡Sí! Algo terrorífico hay en Maine. Al menos para mí y también para Stephen King. Resulta difícil decir con exactitud que tipo de terror, pero hay un aislamiento allí arriba que puede desembocar en cosas malas. Y luego está la belleza física del paisaje que, de algún modo lo convierte en más tenebroso.

–¿Empieza a vislumbrar quién es Elizabeth Strout o aún le queda mucho por averiguar?

–Oh, sospecho que voy a seguir descubriendo más cosas acerca de mí hasta que me muera. Tal y como dije antes, la gente es muy complicada y en eso me incluyo. Reacciono de manera distinta ante muchas cosas diferentes, de ahí que esté constantemente aprendiendo más sobre mi misma de la que envejezco.

–¿Se puede ser una mala madre y una buena persona?

–¡Menuda pregunta! Creo que ser una buena madre es lo más importante que hay. Y mira que hay gente que lo intenta y fracasan, o fracasan un poco. La mayoría de la gente quiere de manera imperfecta porque así son. Pero queremos. Y si una madre quiere a su hijo, no hay nada más importante, creo.

–Aquí, en España, la mortandad por el covid-19 en residencias de ancianos ha sido espantosa. ¿Se puede imaginar una forma peor de llegar al final de la vida?

–No, no se me ocurre peor modo de acabar la vida. A no ser que un grupo terrorista te torture hasta la muerte. Pero morir de covid en una residencia de ancianos se asemeja muy mucho a que te torturen.

–¿Escribir es una forma de desnudarse ante el lector, como hace el personaje de Kailey ante el anciano al que limpia la casa?

–Creo que un escritor ha de estar dispuesto a exponer todas y cada una de las partes que lo conforman. No creo que la finalidad sea la misma; la pobre Kailey no entendía su propia motivación; Estaba aprendiendo a aceptar su sexualidad y se sentía sola, y echaba mucho de menos a su padre. Lo que a mí me mueve a desnudarme ante el lector es el intentar darle algo que sé que es cierto y tan puro como pueda reflejarlo. Así que necesito ahondar en lo más hondo de mi ser para poder hallar el más insignificante vestigio de algo que me consta que es verdadero.

–¿Cómo ha sido la luz de este febrero?

–Oh, la luz de febrero fue alucinante cuando se daba. Mi marido y yo nos íbamos en coche los días que hacía sol en febrero sólo para ver esa luz. ¡Espléndido!

–¿Hay algún secreto de Elizabeth Strout que nos haría cambiar nuestra imagen de ella?

-No, me temo que no tengo secretos. Nunca he sido una persona hermética, no me sale. Todo lo que soy está ahí, en mi obra. ¡Lo siento!

–¿Olive ya tiene el rostro de la actriz que la encarnó (Frances McDormand) o la sigue imaginando como al principio?

–En mi mente, Olive sigue siendo tal y como la imaginaba, Frances McDormand realizó un trabajo brillante caracterizándola pero no se parece a la Olive que tengo en mente.

–¿Cuál es la chispa que enciende el motor de su obra? ¿Una imagen, una frase, un recuerdo, un sueño…?

–La chispa que enciende mi obra puede muy bien ser la persona con la que me crucé brevemente en la calle. Y casi siempre es una persona porque me interesan las personas sobremanera. Nunca nada me ha interesado tanto como las personas. Si veo a un niño con su madre y sus ojos reflejan tristeza, ese niño se queda conmigo y de algún modo un personaje diferente puede que fluya de él. Puede que pasen años pero su imagen seguirá a mi lado. Y eso es sólo un ejemplo.

Portada.

Portada.

Luz de febrero

Elizabeth Strout 

Duomo, 368 páginas, 18 euros

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