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Música

Los coros, en segundo plano

Las dificultades de las agrupaciones corales para reiniciar su actividad

Coro en el teatro Palacio Valdés

Coro en el teatro Palacio Valdés Ricardo Solís

El tejido coral de un territorio se configura por un tupido tapiz en el que se integran agrupaciones profesionales complementadas con una enorme red en la que el mundo de los aficionados es esencial.

Los coros se organizan desde los ámbitos más variopintos: el religioso, el gremial, el de un grupo de amigos con inquietudes comunes, y así un largo etcétera de posibilidades que se entremezclan y nos dan uno de los más ricos abanicos culturales del panorama asturiano.

La pandemia frenó en seco hace más de doce meses cualquier actividad coral. Al inicio de la misma, en diversos países europeos, grandes contagios en agrupaciones corales hicieron que los coros tuvieran que cancelar cualquier compromiso hasta que, poco a poco, se han implementado medidas que les han permitido iniciar algunos proyectos, casi nunca de gran formato. Pero al menos sí que un buen número están funcionando con cierta normalidad.

En los coros de teatro –ópera o zarzuela– se ha tenido que ir a plantillas muy reducidas –al igual que sucede con las orquestas sinfónicas–, lo cual ha obligado a un enorme esfuerzo por parte de los coristas. Las circunstancias de trabajo son muy estrictas, tanto en ensayos como en representaciones y han de cantar siempre con mascarilla, hecho que dificulta, como es obvio, la proyección vocal de manera significativa. Pese a ello, se está saliendo adelante con dignidad. En Asturias, tanto el ya extinto Coro de la Ópera de Oviedo como la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo han logrado volver al trabajo con seriedad y planificación, en un alarde organizativo muy importante que, sinceramente, no sé si se ha valorado institucionalmente como debiera. También la que es, sin duda, nuestra formación coral de mayor prestigio internacional, el coro El León de Oro está manteniendo sus compromisos de conciertos al altísimo nivel de calidad que acostumbra. Asturias está, en este sentido, dando un gran ejemplo a nivel estatal, demostrando que la actividad coral puede seguir adelante cumpliendo de manera rigurosa las medidas necesarias para evitar contagios: mascarillas, distancia social y test de antígenos son ya las nuevas herramientas de trabajo que se han añadido a las habituales de los coros. El único lunar hasta ahora es el protagonizado por los coros de la Fundación Princesa de Asturias. Se puede entender que el coro infantil y el juvenil estén en modo pausa, dadas las circunstancias actuales, pero que una entidad con su capacidad organizativa no haya sido capaz de empujar una vuelta paulatina de la formación de adultos no habla precisamente bien de su compromiso con la música y la cultura.

Se puede entender que, a día de hoy, no es la sala de ensayos del teatro Filarmónica el lugar adecuado para trabajar, pero estoy seguro que se puede y debe buscar la complicidad con el Ayuntamiento de la ciudad para encontrar espacios que reúnan las pertinentes garantías para trabajar de forma segura. Más de un año después, este silencio administrativo al respecto de la entidad causa perplejidad en el mundo coral de la región y da pie a todo tipo de rumores sobre la continuidad de un proyecto histórico y una de las piezas clave en la vida musical del Principado de Asturias.

Ojalá que el avance de la vacunación vaya permitiendo una paulatina vuelta a la “normalidad coral” en las decenas y decenas de coros amateur que tanto enriquecen nuestra cultura. Asturias siempre ha estado en la vanguardia coral de España. Ha sido una de las regiones de referencia en este ámbito. Una formación como El León de Oro, con el nivel que ha adquirido, no brota en el desierto. Surge de un caldo de cultivo, de una vocación hacia la música coral que impregna ciudades y villas de manera continua. Aquí somos una referencia y es esencial no perder el pulso y el dinamismo que nos ha caracterizado durante décadas.

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