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raquel presumido | Escritora, publica “anónimas”

“El muro del machismo presenta grietas, y caerá”

Raquel Presumido.

Raquel Presumido.

Raquel Presumido indaga en “Anónimas” en la “escritura silenciosa de las mujeres”. Presumido (Oviedo, 1992) recoge casos de anonimia o el uso de los seudónimos masculinos como “la única vía que tuvieron a mano las escritoras para ver publicados sus textos. No nos tenemos que remontar muy atrás, J.K Rowling fue aconsejada por sus agentes a utilizar sus iniciales en lugar de su nombre completo por razones de género. En 2013 firmó su serie policiaca Cormoran Strike con el nombre Robert Galbraith”.

–¿El síndrome de la impostora es común a muchas creadoras?

–Siempre está la vocecita que te dice que no estás a la altura y esto es una consecuencia de que las mujeres tengamos que demostrar el doble nuestra valía para llegar al mismo reconocimiento que nuestros compañeros.

–¿Qué nos dice la expresión cuentos de viejas?

–En el libro la utilizo como ejemplo de la denostación hacia la labor intelectual y, en concreto, narrativa de las mujeres. Se utiliza para referirse a las historias de poca monta, cotilleos o habladurías. Es curioso, porque han sido ellas, las viejas, las que a lo largo de la Historia han transmitido la cultura, quienes educaban a la descendencia y lo hacían de forma narrativa. La cultura patriarcal nos ha querido inculcar que por una parte están los “cuentos de viejas”, sin importancia, prosaicos, poco elevados, carentes de perspectiva universal y, por otra, la Literatura y la Cultura en mayúsculas, creada por hombres y cuyo consumo es edificante.

–¿Por qué la historia de la literatura está superpoblada por hombres?

–Por lo mismo que lo está en el resto de disciplinas artísticas o científicas, a las mujeres se les ha negado el derecho a la educación sistemáticamente. Para poder escribir necesitas educación, no solo la que te enseña los signos lingüísticos, sino la que te permite articular el contenido de tu obra. Si al analfabetismo sumamos el hecho de que el discurso académico ha estado en manos de los hombres, no es raro que tengamos el canon literario que tenemos.

–¿Cómo está la invisibilización hoy?

–Estamos avanzando a pasos agigantados desde hace apenas unos años y es algo muy positivo que se edite y se lea cada vez a más autoras. Soy un poco pesimista, creo que las modas son algo pasajero. Por eso veo tan necesario desarmar el fenómeno capitalista que utiliza el feminismo como un instrumento de marketing.

–¿Es dañina la distinción entre literatura de mujeres y de hombres?

–Es dañino que se denomine “literatura de mujeres” o “novela testimonial” a lo que escribe una mujer y que se siga viendo como algo menor a la literatura que apela a los sentimientos, por ser considerado algo femenino. Es dañino y agotador que se le pregunte sistemáticamente por cuestiones de género a escritoras cuando no se les pregunta lo mismo a sus homólogos masculinos.

–¿La mujer intelectual atemoriza?

–Pone en jaque el estereotipo de que somos solo un bonito envoltorio o que una mujer debe elegir entre su vida familiar y su vida profesional.

–Refranero: mujer que sabe latín, no ha de tener buen fin.

–Yo soy joven, nací en 1992, no me he movido precisamente en ambientes flagrantemente machistas y, sin embargo, desde pequeña mucha gente me ha calificado de “marisabidilla” o de “listilla” por tener inquietudes culturales. Si me pongo a enumerar las veces que un hombre me ha dicho que por ser culta le “impongo” no nos quedarían páginas en este diario.

–¿El “meToo” está ayudando a cambiar las cosas, o las losas?

–Sí, muchísimo. El “me too” ha sido como sacarle el tapón a una piscina de agua putrefacta.

–¿Qué opina de lo que está sucediendo con Rocío Carrasco?

–El caso de Rocío nos ha venido a recordar lo que ya nos enseñaron Ana Orantes o Nevenka Fernández y que enseguida olvidamos, que para que te escuchen no vale solo con ser víctima, también hay que parecerlo. El mismo medio que lleva dando voz a tu maltratador durante décadas ahora te convierte en una heroína. Los mismos judas que te vendieron por interés ahora se dan golpes de pecho por ti. Yo creo a Rocío, me emociona escuchar su relato.

–¿Cuántas mujeres de talento se perdieron por ser al tiempo amas de casa?

–Pues imagínate, si antes decía que lo primero que se necesita para escribir es educación, lo segundo que se necesita es tiempo. Tiempo, primero, para pensar. El pensamiento surge en la quietud y en la holganza. Después, tiempo para materializar esos pensamientos y darles una estructura narrativa. Por último, tiempo para hacer relaciones en el mundo editorial y mandar manuscritos que después, si tienen a bien, te publicarán. Las mujeres no han tenido ni ese tiempo ni esa holganza por estar haciendo un trabajo de 24 horas 365 días a la semana de limpieza, cocina, gestión y cuidados amenazadas por la culpa de que si no lo hacían serían malas madres, malas esposa y, por ende, malas mujeres.

–¿Una mujer escritora es tóxica para el sistema patriarcal?

–Una mujer escritora es alguien que le arrebata el micrófono al sistema patriarcal diciendo: “Ya ha quedado claro lo que creéis que soy. Ahora voy a contarme yo, que para eso soy la que habita mi cuerpo.”

–¿Qué estereotipos del cine y las series le irritan más?

–El de la madre. La madre entendida como ser cuyo amor es incondicional y está por encima de su propia integridad física y mental. Al hilo del caso de Rocío Carrasco, una de las etiquetas que se le ha colgado es el de “mala madre” por no haber cumplido con ese estereotipo de la madre que se tira todo el día cocinando, se sienta en la única banqueta coja al lado de la puerta para no molestar y que encima tiene que escuchar que la sopa está sosa. E invito a que todo el mundo piense en un hombre brillante de la Historia, el que sea, que investigue un poco quién era su esposa y que, después, se plantee si “ama de casa” es una etiqueta justa para describir todo lo que hizo.

–¿El muro del machismo se está cayendo o solo presenta grietas?

–Creemos que el muro ya ha caído porque nos han quitado la alambrada electrificada que lo coronaba y, ciertamente, ha sido un detallazo. Parece que hay que dar las gracias por no electrocutarnos vivas cuando intentamos trepar por él. Pero el muro en sí está y, si, presenta grietas. Ahora bien, esas grietas están comprometiendo los cimientos y de un momento a otro caerá.

–Personalmente, ¿vivió en su propia carne esa presión patriarcal?

–Sí, desde que tengo uso de razón he sentido el machismo. Obviamente no al mismo nivel que lo debió de sentir mi abuela, pero no me voy a conformar con ser solo “un poco vejada”. Tengo el legítimo derecho a no ser vejada en absoluto.

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