Fieramente humanos
Josep María Esquirol avanza en su “filosofía de la proximidad” con un nuevo ensayo en favor de la vida frente al totalitarismo del transhumanismo tecnológico

Cultura - Libros
J. C. Iglesias
El transhumanismo es el fantasma de nuestros tiempos y ha impuesto sus leyes. Ante esta doctrina del totalitarismo turbocapitalista se hace urgente encontrar algunas respuestas que dignifiquen y consuelen a las mujeres y hombres de este nuevo milenio que mira al abismo. En ello está Josep María Esquirol (Sant Joan de Mediona, 1963), catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona.
Al igual que un blade runner, la labor de Esquirol ha sido identificar las fórmulas “replicantes” transhumanas y ofrecer la alternativa de su “discurso de la proximidad” que conjuga dos verbos: amar y pensar. Ambos infinitivos articulan una obra singular en el pensamiento europeo, tanto por su escritura transparente, alejada del hermetismo de cierta filosofía vacua y tenebrosa, como por la radicalidad de su propuesta, materializada en un puñado de volúmenes, principalmente, “La resistencia íntima” (2015), Premio Nacional de Ensayo, y “La penúltima bondad” (2018).
A estos dos últimos títulos se suma ahora “Humano, más humano” (2021), también publicado por Acantilado, donde el “discurso de la proximidad” avanza en la construcción de un relato filosófico en el que late tanto la herencia socrática como franciscana. Atenas y Jerusalén se abrazan en la escritura de Esquirol, capaz de armonizar los legados grecolatino y judeocristiano en el empeño de identificar lo que nos hace “fieramente humanos”.
No son los únicos magisterios. No es casual que uno de los primeros libros del profesor barcelonés sea el estudio “¿Qué es el personalismo?. Introducción a la lectura de Emmanuel Mounier” (Pòrtic, 2001), corriente interesada no sólo en “pensar el ser”, al heideggeriano modo, sino también en su trascendencia moral. Esquirol es más preciso en su objetivo: “procuro pensar, sobre todo, el ser humano”. A Mounier se suman Emmanuel Lévinas, John Rawls, Paul Ricoeur, Martin Buber o Jan Patocka y su “solidaridad de los conmovidos”, así como nuestros Xabier Zubiri, María Zambrano, Emilio Lledó o Reyes Mate, todos ellos dedicados a ofrecer respuestas al “homo dolens” surgido de Auschwitz, Hiroshima y los Gulag.
Esquirol sostiene que nos ha tocado vivir tiempos en que “nos quedamos cortos en humanidad”, porque el transhumanismo se ha consolidado como ideología silente y amenazante con su afán tecnocientífico de progreso desenfrenado. No se posiciona contra los avances tecnológicos que nos hacen más humanos, sino que identifica el sustrato de un humanismo de “gesto y acción”, es decir, de fraternidad. Tampoco necesita descender a las oquedades de la antropología ni asaltar los cielos de la filosofía. Al contrario: lo cotidiano se convierte en la materia de trabajo para ofrecer ese “discurso de la proximidad”, donde las nociones comunes permiten otear nuestra deriva como especie, pero a la vez sofocar los interrogantes que nos acechan.
La reivindicación del nombre propio en una época de homogeneización tecnológica de las masas, enmascaradas en la falsa singularidad de las redes sociales; la atención al nacimiento, ese venir de ninguna parte, como experiencia metafísica decisiva y misteriosa de toda persona frente a la opresiva presencia de la muerte en la tradición filosófica; la demanda de atención a palabras coloquialmente manoseadas (perdón, cuidado, compasión, promesa…) o el desarrollo del concepto de la “herida infinita”, como ese permanecer alerta al sufrimiento ajeno y consciente de la fraternidad demandada, son algunas de las reflexiones que estructuran un ensayo conmovedor en su indagación y exacto en su dicción.
Esquirol ha demostrado su capacidad para avanzar en la construcción de un pensamiento sistemático, pero también ha acreditado la fortaleza de su escritura. Pan y canto son dos términos a los que recurre el autor. De ahí que busque la levadura semántica necesaria en la poesía, “un no saber –reflexivo– que genera, o ayuda a generar, a modo de comadrona”, la palabra justa y genuina que actúa hacia los demás como abrigo. No está lejos el pensador barcelonés de la “razón poética” de Zambrano, ni de algunos autores más queridos por la filósofa malagueña. Y es fácil de entender: ¿quien más cerca de lo humano, más humano que San Juan de la Cruz, Antonio Machado, Miguel Hernández y las tres heridas o Claudio Rodríguez y su “palabra hospitalaria”?
La filosofía de la proximidad del profesor Esquirol consolida con este ensayo su discurso de combatir todas las formas del mal e intensificar la vida con “gesto y acción” para impedir que las mujeres y los hombres sean, como anotó Blas de Otero, “horror a manos llenas”.

Cubierta del libro
Humano, mas humano
Josep María Esquirol
Acantilado, 176 páginas, 14 euros
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