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Cisne negro

“La anomalía”, de Le Tellier, es una obra de una efervescente y a ratos deliciosa intrascendencia

Cultura - Libros

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Fue el polímata Nassim Taleb quien en 2007 propuso la tesis del cisne negro, una metáfora acerca de la importancia de los eventos imprevistos y de su impacto en los campos de la probabilidad y en la teoría de decisiones. Vulgarizando el argumento hasta reducirlo al hueso, un cisne negro es un fenómeno de carácter muy inusual pero de enorme trascendencia en los distintos órdenes sociales y que, una vez sucedido, demanda de sus actores, tanto agentes como pacientes, una explicación retrospectiva y en la mayoría de las ocasiones tranquilizadora, en el sentido de que transparenta las razones por las que era plausible que dicho acontecimiento tuviera lugar. La caída de la Unión Soviética, la crisis de las hipotecas “subprime” o la actual pandemia serían ejemplos de cisnes negros que nuestro ecosistema ideológico intenta embridar, uniformizar y justificar a posteriori. Como el destino, palabra tan socorrida como vacía de significado, el cisne negro es, pues, una flecha clavada en un árbol en torno a la cual se dibuja más tarde una diana.

El premio Goncourt 2020, “La anomalía”, de Hervé Le Tellier, sugiere la historia de un cisne negro magnificado hasta proporciones tales que penetra en el campo de la especulación cosmológica y de la metafísica de los mundos posibles, al urdir el relato de un vuelo intercontinental París-Nueva York que aterriza dos veces en el Nuevo Mundo con una diferencia temporal de meses. Es el mismo vuelo y son los mismos doscientos cuarenta y tres pasajeros a bordo, pero entre un avión y el otro han transcurrido más de cien días. La coartada, como se intuye, incorpora alicientes para que un espíritu polifacético y poliédrico como el de Le Tellier (novelista, matemático, miembro del mítico OuLiPo) introduzca en su devenir meditaciones metaliterarias, científicas y filosóficas, que no renuncian a la sátira política ni al escrutinio existencial.

Narración coral en torno al tema del doble, la experiencia de la simulación y la concepción del mundo como una matrix elevada a la enésima potencia, de las tramas que recorren “La anomalía” sin duda la más atractiva es la del escritor Victør Miesel, autor de talento pero escaso éxito que se suicida tras el aterrizaje del avión de marzo, no sin antes enviar a su editora una obra titulada “La anomalía” que, cuando Miesel “resucite” en el vuelo de junio, no sólo le permitirá comprender que la fama, como Rilke advirtió con pericia, no es otra cosa que el conjunto de malentendidos que se dan en torno a un hombre, sino que los valores de la supuesta intelectualidad no son a menudo nada más que un poco memorable truco de manos.

Queda por despejar la incógnita que cada año el Goncourt, el más reverenciado de los premios literarios europeos, plantea a sus lectores. ¿Es “La anomalía” una novela a la altura de la leyenda? Este lector juraría que no, pero no tiene inconveniente en añadir que Le Tellier ha escrito una obra de una efervescente y a ratos deliciosa intrascendencia.

Portada del libro.

La anomalía

Hervé Le Tellier  Traducción de Pablo Martín Sánchez

Seix Barral, 368 páginas 20,50 euros

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