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Arte

La materia de los sueños

María Acuyo muestra pintura que va más allá de la materia en la galería Espacio Líquido de Gijón

Vista de la exposición de María Acuyo en la galería  Espacio Líquido de Gijón.

Vista de la exposición de María Acuyo en la galería Espacio Líquido de Gijón.

María Acuyo muestra, en la galería Espacio Líquido de Gijón, óleos y acrílicos que se quedan en nuestra mente, ofreciéndonos un refugio para el asombro como afirma su título. Esta pintora granadina afincada en Madrid crea paisajes fantásticos que se nutren de la naturaleza y, especialmente, de mundos ligados a los sueños. Su formación en arte y ciencia se advierte en una obra híbrida, tan atractiva como inquietante, capaz de trasladarnos a frondosos e idílicos ambientes figurativos o a lugares recónditos y misteriosos de configuración abstracta.

Desde 2019, el espacio dirigido por Nuria Fernández en Gijón colabora con la galería madrileña La Gran en proyectos plásticos y de representación de artistas. Es de agradecer este tipo de fórmula que permite conocer y valorar a artistas como María Acuyo. En la exposición, las obras de mayor formato aúnan referencias vegetales concretas con abstracciones cromáticas muy personales creadas a partir de fuertes contrastes de campos de color claramente delimitados, unos de aplicación plana y homogénea, y otros con veladuras de finas capas de pintura. La intensidad de esos colores crea efectos de contraluz que perfilan siluetas de una exuberante y onírica naturaleza.

Obra de María Acuyo

Obra de María Acuyo

En otras pinturas, más abstractas formalmente, convive el gusto por el detalle con imágenes de imprecisa definición, próximas a la estética de alguna de las obras más informalistas y orgánicas de Luis Gordillo, artista con el que subyacen ciertos paralelismos. En la superficie de los lienzos se despliegan y amplían formas que recuerdan amebas y otros organismos unicelulares que podrían proceder de la imaginación de su creadora, pero también de la observación a través del microscopio. Comenta la artista que parte de su obra se nutre de la contemplación y descubrimiento de los procesos de la naturaleza, pero no desde su aspecto superficial, sino desde sus secretos más profundos. Son pinturas que nos acercan a mundos primigenios, para desvelar cómo la vida despierta desde las profundidades de la masa pictórica que, a menudo, es la materia de los sueños. En este sentido su trabajo conecta con la obra de artistas que contienen una gran carga simbólica y onírica, como Odilon Redon, que, a propósito de “Les origines”, una serie tan enigmática como la que ahora contemplamos, escribe: “Toda mi originalidad consiste en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, poniendo, dentro de lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible”. Una sensación similar se percibe ante las pinturas de María Acuyo; los motivos representados parecen estar en pleno proceso de mutación y crecimiento; es una pintura que actúa como cualquier organismo vivo de la naturaleza.

Otra obra expuesta en la muestra.

Otra obra expuesta en la muestra.

Hay una serie de acrílicos abstractos sobre papel, protegidos en cajas de metacrilato como cultivos preparados en el laboratorio para ser analizados. Son las piezas más singulares y estimulantes de la exposición. Su contemplación, a través de las cajas transparentes, acentúa la impresión de estar ante auténticas rarezas que, en plena ebullición, palpitan, despertando ese subconsciente que conecta con lo más profundo de cada persona. Desde esa sugestiva experiencia, desde ese “algo” que está siendo analizado en busca de nuevas respuestas, las pinturas actúan como revulsivo necesario, recordándonos cómo la creación debe de ir siempre más allá, arriesgando y formulando nuevas posibilidades plásticas que participen en la construcción del presente y del futuro.

“El refugio del asombro” de María Acuyo es una oportunidad para disfrutar del mágico poder de la pintura. Existe una pulsión plástica en ella –reflejo de la dualidad vital que habita en cada persona– que se adivina en un excelente tratamiento técnico, cromático e iconográfico, aportando nuevas posibilidades a la narrativa de la plástica contemporánea. La artista se nutre de esta dualidad cuando las energías se liberan y, tras la tormenta, acaba definiéndose la armonía. La historiadora del arte Lidón Sancho, conocedora del trabajo de nuestra artista, se refiere, con estas palabras que comparto, a la capacidad de sugestión que provocan sus pinturas: “No me imagino la vida sin explorarla soñando, creándola desde distintas ópticas, viéndola desde mis pupilas y desde las tuyas, desde nuestros antepasados y desde aquellos que sobrevivirán después de nosotros”.

El refugio del asombro

María Acuyo 

Galería Espacio Líquido. Calle Jacobo Olañeta, 5, Gijón. Hasta el 17 de junio.

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