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Arte

La materia se hace arte

La armonía con la que las obras de José Santamarina juegan con la luz inunda el espacio de la galería Cornión

De la serie "Doblecubo".

De la serie "Doblecubo".

En uno de los escaparates de la galería Cornión, en Gijón, se halla “The History of Graphic Design”, de Jens Müller-Julius Wiedemann, publicación que recoge a los mejores diseñadores gráficos contemporáneos. Abierto por las páginas de los años 1970-79, muestra los trabajos de José Santamarina: carta de presentación de una de las personalidades más relevantes en este ámbito que, desde siempre, ha planteado el grafismo y la geometría como ejes vertebradores de sus propuestas. Sus aportaciones son fundamentales para el diseño gráfico, con una capacidad de síntesis única que ha sabido captar la esencia de muchos de los acontecimientos relevantes de nuestro tiempo.

Una obra de la serie "Levitar".

El título “80” se refiere a la edad de este creador infatigable, también al número de obras que podemos contemplar, una oportunidad única para obtener una amplia visión de su faceta como creador plástico. Con un clarificador texto de presentación, Evaristo Arce subraya cómo la geometría “le ha servido para ordenar su vida, organizar su pensamiento y dar forma a su creatividad, en un acto casi mágico de manipulación y habilidad quirúrgica para producir artefactos”, frase que describe perfectamente el carácter de unas obras que eliminan las fronteras entre el trabajo como diseñador gráfico y su producción como creador plástico.

“Aún los años / de la mano la vida / pliegue a pliegue”.

Con una obra rigurosa, basada en plegados y cortes en los materiales –cartulina, cartón pluma o aluminio–, la muestra se articula a partir de series como “Modular”, “Torsión” o “Degradados”, referidas a los conceptos sobre los que trabaja. Obras que profundizan en las posibilidades que ofrecen esos materiales básicos que repite, yuxtapone, combina e integra. En la serie “Doblecubo” se advierte su interés en aspectos básicos de la forma que, a partir de la línea y la composición geométrica, y apoyándose en valores binarios elementales como lleno/vacío o plano/volumen encuentran, en la sencillez compositiva, gran pureza y sinceridad. “Bauhaus” es el nombre de su serie más colorista, recuerda sus referentes formales y conceptuales que, desde siempre, han estado latentes en sus proyectos, desde la huella constructivista de los contrarrelieves de Tatlin y los proyectos Proun de El Lissitzky, hasta el esencialismo neoplasticista de Theo van Doesburg y la Escuela alemana donde Moholy-Nagy y Josef Albers dejaron su impronta.

De la serie "Líneas horizontales".

La precisión y minuciosidad en cada trabajo es asombrosa, el dominio técnico favorece esa limpia geometría que le caracteriza y en la que la luz juega un papel fundamental provocando múltiples matices cromáticos, acentuando los contrastes entre planos iluminados y sombras proyectadas y creando un sugerente efecto espacialista que penetra por surcos, cortes y hendiduras. Desde esta depuración formal la materia habla con sencillez y la luz pasa a ser protagonista, hallando obras de gran delicadeza y exquisitez, como las de la serie “Levitar”, donde el acetato o el metacrilato acentúan el juego de transparencias y los efectos lumínicos se ven potenciados con la participación de quien las contempla, que, desplazándose, advierte cómo cada obra genera su propio espacio, su propia luz. Santamarina deposita en nuestra propia actitud la posibilidad de descubrir cómo lo sensorial puede trascender hasta la pura emoción.

Vista de la exposición.

Los efectos cambiantes remiten al op-art y, especialmente, a la creadora Bridget Riley, de cuyos planteamientos teóricos advierto ecos en nuestro artista: “Repetidas, las formas más simples”, dice la artista británica, “pueden llegar a ser visualmente muy activas, el ritmo y seriación están en las raíces del movimiento, por ello la repetición funciona como un amplificador”. La creación plástica es un “lugar inventado” paralelo a la naturaleza, pero que depende del mismo tipo de percepción. En este sentido, la única obra de la exposición con título / haiku (“aún los años / de la mano la vida / pliegue a pliegue”, que el escritor Hermes González ha dedicado al autor) responde perfectamente a los hallazgos que José Santamarina ha desarrollado en torno a patrones básicos; formas romboidales surgen de capas estratigráficas de cartón, de cuya repetición se desprende un aura armónica que procede tanto del ritmo seriado como de la pulsión entre las formas y las gradaciones tonales del azul que se expanden por el marco y fuera de él. Más allá de las intenciones del autor y de su presentación como “objeto específico” sin más pretensión que evidenciar su propia naturaleza matérica, formal y cromática, la obra escapa a cualquier control racional, suscitando un atractivo efecto envolvente en el que confluyen ver y sentir.

José Santamarina continúa su trayectoria con solidez: en septiembre su trabajo se expondrá, respaldado por la galería ovetense 451, en Art París, una importante feria alternativa que toma el pulso a la creación plástica. La calidad de su obra augura un reconocimiento merecido. Su coherente manera de concebir la creación, desde la honestidad y el compromiso, contrasta con otras estridencias y exhibicionismos que hoy nos rodean, por ello hay que agradecer a la galería Cornión que nos haya regalado esta muestra imprescindible.

80

Santamarina 

Galería Cornión. Calle La Merced, 45, Gijón. Hasta el 10 de julio

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