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Pablo Alborán, cantante

Pablo Alborán: "Cuando hago una canción busco no cansarme de mí mismo, y no es fácil"

El cantante y compositor malagueño, autor de canciones de éxito como ‘Solamente tú’ y ‘Saturno’, emprendió el 6 de julio en el Wizink Center de Madrid una pequeña gira de conciertos, de tan solo seis fechas, que brinda este viernes su única parada en un escenario catalán, en el marco del Festival de la Porta Ferrada (Sant Feliu de Guíxols). Presentará su quinto álbum de estudio, ‘Vértigo’, compuesto y grabado en tiempo de pandemia y que salió a la venta el pasado mes de diciembre.

Pablo Alborán, en la presentación de ’Vértigo’.

Pablo Alborán, en la presentación de ’Vértigo’. EFE

‘Vértigo’ es un disco concebido durante el fatídico año 2020, y tiene un clima más intimista que festivalero.

Lo compuse y grabé durante la pandemia, en el peor momento de nuestras vidas; el más vulnerable, raro y único. Me sirvió como una especie de refugio, lo que la música ha sido siempre para mí. No sé si el disco es festivalero, pero hay ganas de que en los conciertos la gente pase el mejor rato que pueda vivir en estos momentos. 

-El ‘vértigo’ de la canción titular tiene que ver con una relación personal, pero es fácil asociarlo a sensaciones como las de esta era del covid-19.

Es lo bonito que tiene, que es tremendamente subjetivo y puede representar cosas distintas para cada uno. El vértigo nos recuerda que estamos vivos, que no somos inmortales, y eso es algo que la pandemia nos ha recordado. Esa sensación de adrenalina, de que todo se mueve y que tú debes tratar de no perder el equilibrio. La vida es eso: amores, dolores, penas, problemas, trabajo, vida, salud... Todo son factores que a uno le pueden desequilibrar. 

-Aunque trabaje con ‘tempos’ electrónicos y con ritmos latinos, ¿su esencia está en las baladas?

Mi esencia es cantarle a la vida, al amor, a los sentimientos..., y la balada es el lugar en el que me siento más cómodo, lo haga mejor o peor, porque me permite emocionarme quizá de una manera diferente. Pero eso no quita que me encanta la bachata, o la samba, o la bossa nova, que es de los primeros estilos que aprendí a tocar con la guitarra. Y el flamenco me apasiona. Al final, le canto a las emociones. Ahí está mi esencia.

-El disco tiene cierto aire conceptual, con esos interludios entre los temas. ¿Ese es un problema al presentarlo en directo?

No, el directo es otra película, muy ligada al disco, pero distinta. Eso siempre me ha pasado: en directo puedes cantar las mismas canciones y yo soy la misma persona, el mismo compositor, pero ver al artista en el escenario es algo mucho más personal y veraz. El directo me ayuda a dar otra visión a las canciones. Con la escenografía, los músicos y el público se crea otra energía. Este no es un disco conceptual, pero sí que pretendemos meter a la gente en una burbuja para que pueda soñar un poco a través de la música y del hecho de estar juntos.

-Hay un sutil influjo de la música árabe en su música: en ‘Si hubieras querido’, del nuevo disco, por ejemplo. Creciendo en Málaga, ¿le llegaban las emisoras de Argelia o Marruecos?

¡Sí! Es cierto, muchas veces, cuando paso hacia Mijas, la radio pilla emisoras árabes, y es verdad que más de una vez me he quedado mucho rato en esa sintonía e incluso la he grabado. Es solo cuando paso por ese tramo, y son músicas superchulas. Luego descubrí a músicos como Natacha Atlas o Khaled. Mi madre nació en Marruecos y también por ahí tengo una influencia de la música árabe, y de la francesa. También de la portuguesa: los melismas y la forma de improvisar de Dulce Pontes, que tiene que ver con la música árabe y con el flamenco.

-¿Qué se queda de la ‘chanson’?

Los temas de Brel y la voz de Aznavour: magistral, inconfundible. Y Zaz, con quien trabajé y que me llevó a otro tipo de música francesa, la ‘manouche’.

-Suele aplicarse a su música el adjetivo ‘intenso’, algo que ocurre también con Pablo López, amigo suyo y también malagueño. ¿Hay una influencia mutua?

A mí me influyen todos mis compañeros, porque tengo la suerte de ser amigo de ellos. Todo lo que se hace con corazón te tiene que influir, y lo que hace Pablo tiene mucho corazón.

-¿Diría que su meta es hacer canciones atemporales o reflejar un momento?

Cuando escribo lo hago para mí, y el objetivo es que mis primeras impresiones sean buenas. Me dejo llevar. Es un proceso que está vivo. Cuando hago una canción busco no cansarme de mí mismo, y no es fácil, porque me canso muy rápido de mí mismo. Sobre todo, trato de captar una emoción distinta a la anterior, y experimentarla yo primero. Y luego, sí que intento no caer en clichés. En la balada es muy fácil caer en el arreglo típico, de cuerda, de guitarra... Por eso me gusta la música árabe, que usa los cuartos de tono, y el fado, que es un estilo muy intenso, y esa palabra yo la uso positivamente. Todo eso puede hacer que la canción sea más duradera, aunque eso ya no está en tus manos.

-El año pasado dio que hablar con la declaración de su homosexualidad. Últimamente vemos casos de agresiones, pero también fuertes olas de rechazo. ¿Vamos a peor o a mejor?

No sabría responder a eso, la verdad, porque hay muchas cosas que influyen. El momento en que estamos es muy sensible y las cosas pueden llegar de una manera muy diversa. Pero hay que seguir denunciando las injusticias pase lo que pase, y vivas en el tiempo que vivas. No sé si vamos a mejor o a peor, pero ese es el camino que hay que seguir.

-¿Es un artista con miedo a los titulares de prensa estridentes, las frases suyas sacadas de contexto que puedan incendiar las redes?

Miedo a las redes sociales no tengo, porque a lo largo de estos diez años ya he visto que por mucho que tú intentes decir algo o hablar de otra cosa, luego las redes siguen otro camino. Pero es el momento de defender el lado positivo de las redes, que también lo tienen. La información se puede dar de muchas maneras, y sobre todo vosotros, los periodistas, que tenéis la responsabilidad más grande, ante los diversos caminos que tenéis delante debéis luchar por lo vuestro en el día a día, igual que yo en el mundo en el que estoy metido, la industria de la música. ¿Miedo? No, miedo a la muerte, a la enfermedad, a que se vayan los míos. Eso es a lo que tengo miedo.

-Después de esta gira de verano, ¿cómo ve el 2022? ¿Con gira a lo grande o eso está ahora en reposo?

Está en reposo. Como dicen los latinoamericanos, ahora mismo vamos un día a la vez. Me gusta esta expresión porque creo que se ajusta al momento que vivimos. La idea ahora es terminar esta gira pequeña pero intensa y agradecida, valorando mucho el esfuerzo de la gente para apoyar la música en los conciertos y festivales. La gente sabe que la cultura es segura, pero es un momento complicado. Después de Porta Ferrada, me quedan otros dos conciertos, y ya veremos qué pasa el año que viene.

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