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Un músico de leyenda

Denis Morrier publica en castellano la fascinante vida y obra de Carlo Gesualdo

Cultura - Música

Vida y leyenda. Ambos conceptos se enlazan muy bien en la trayectoria biográfica de muchos artistas. Pensemos, por ejemplo, en el pintor Caravaggio. El mundo de la música también tiene algún que otro exponente en este sentido, pero pocos tan interesantes como el príncipe de Venosa, Carlo Gesualdo (1566-1613), con una biografía asombrosa en la que el asesinato convive con un discurso creador que alimentó la fabulación y creó un personaje legendario en el que cuesta desentrañar la realidad de la invención. Musicalia Scherzo y Antonio Machado Libros publican ahora en español una breve e intensa monografía dedicada al compositor italiano que en 2003 publicó el musicólogo francés Denis Morrier y que ahora llega a nuestras librerías.

Es un trabajo conciso y que va al grano sin subterfugios, que separa muy bien el trigo de la cizaña y nos narra, con pulsión novelística, la vida de Gesualdo y con rigor musicológico su legado musical, tan afortunadamente vivo en nuestro tiempo.

“Era un príncipe del Sur. Un aristócrata orgulloso, sombrío, violento y atormentando. Mató a su primera mujer y al amante de esa. Incluso es sospechoso de haber asesinado a su segundo hijo. Martirizó a su segunda esposa, que provenía de una de las más ilustres familias italianas. Era presa de pulsiones masoquistas, avivadas por unas creencias muy propiamente mediterráneas, influidas por supersticiones. Era, sobre todo, músico. Ha dejado una obra enigmática, cuya escucha sorprende al oyente contemporáneo por su aparente modernidad. Ha fascinado a los melómanos y a los músicos de cualquier época”.

En este arranque de su ensayo, Morrier nos da las claves del embeleso que ejerce un compositor que atrapa y nos interpela con fuerza inusitada. Como explica en el prólogo a la obra Stefano Russomanno, autores como Stravinsky, Ligeti, Nono, Sciarrino o Schnittke –este último incluso escribiendo una ópera titulada “Gesualdo”– profesaron públicamente su admiración por este contemporáneo de Claudio Monteverdi, quien forjaría el concepto de “Seconda prattica” para designar la “nueva música” de su tiempo.

Su producción musical tiene dos vías, la profana, a través de sus seis libros de madrigales, y la sacra, en la que encontramos motetes, responsorios y salmos. Formalmente, sus madrigales los podemos encuadrar en la vertiente más clásica y ortodoxa del género en el siglo XVI. Estamos ante composiciones polifónicas contrapuntísticas, casi siempre a cinco voces, y en ninguno de ellos encontramos la parte de bajo continuo que sí vemos en Monteverdi desde su “Quinto Libro” de 1605 e incluso antes en músicos florentinos.

En el plano literario arranca sus primeros libros con un estilo galante que, a partir del tercero, cambia hacia juegos retóricos atrevidos y temas macabros y también, en su tramo final, en la búsqueda de un cuidado preciosismo expresivo.

En un sur de Italia plenamente integrado en la corona hispana, con una sólida formación musical y gran cercanía al mundo literario –desde su juventud mantuvo una estrecha amistada con Torquato Tasso–, por circunstancias familiares se ve obligado a tomar las riendas sucesorias de la casa familiar y a un rápido matrimonio que acaba en tragedia cuando mata a su esposa, María d’Avalos, y a su amante Fabrizio Carafa, conde de Rufo y duque de Andria, a los que sorprende, según los testigos del suceso, “in flagrante delicto di flagrante peccato”. Posteriormente, en segundas nupcias, se casó con Leonora d’Este, lo que le lleva a frecuentar la corte de Ferrara, donde descubre una de las capillas musicales más opulentas del momento. No fue una unión especialmente feliz y marcó los últimos años de la vida del músico recluido en su feudo de Gesualdo. Todo ello lo cuenta Morrier con especial eficacia narrativa y nos acerca a un creador que ya en el siglo XIX François-Joseph Fétis describía de este modo: “El genio de Gesualdo es un genio fuera de la norma, deudor ante todo de la profundidad compleja y turbia del personaje. El lenguaje musical no es más que un pretexto, un medio privilegiado para la expresión de su personalidad excéntrica, compleja y atormentada”.

Cubierta del libro

Cubierta del libro

Carlo Gesualdo

Denis Morrier 

Musicalia Scherzo / Antonio Machado Libros, 136 páginas, 14 euros

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