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Los Aubrey, punto final

“La prima Rosamund”, de la inigualable Rebecca West, es la tercera novela de una de las trilogías de éxito de la ficción del siglo XX

Cultura - Libros

Dispersa como era y activa en muchos frentes, Rebecca West emprendió proyectos que nunca pudo terminar. La trilogía de los Aubrey podría haber sido un cuarteto y ha quedado en una obra “inacabada” que sus seguidores hubieran seguido leyendo de existir nuevas entregas. La tercera de las novelas, “La prima Rosamund”, no es tan buena como “The Fountain Overflows”, la primera de la saga, ni siquiera está tan pulida como la segunda, “La noche interrumpida”. Todas ellas, sin embargo, en su conjunto, encarnan el inolvidable fresco de una familia artística al borde de la ruina financiera a principios del siglo XX, escrito con la prosa deslumbrante de una de las mejores autoras de la pasada centuria. Activista del feminismo, novelista, reportera, crítico literario, bioetnógrafa, autodidacta jurídica y escritora política, West (1892-1983) fue un verdadero fenómeno social y de las letras. H. G. Wells, con el que mantuvo una larga relación y compartió un hijo, entabló amistad con ella después de haberla descrito como una “solterona entre novelistas”. George Bernard Shaw dijo que manejaba la pluma con la brillantez que él jamás había tenido y de manera mucho más salvaje. Parte de esa brillantez se encontraba en el ingenio que destilaba. Prueba de ello es su teoría de la atracción comunista sobre los intelectuales de la época. Según West, imantaba a tres grupos fuera del bloque soviético: una minoría de científicos que veían la política como una mera suma de problemas técnicos por resolver; los devastados emocionalmente para quienes era un medio de reordenación mental, y un segmento desclasado de la clase media que veía el comunismo como un medio de progreso material y de estatus personal.

Ilustración de Pablo García.

Ilustración de Pablo García.

No se cansó de publicar en periódicos y revistas, de seguir la actualidad en la primera línea y de combatir por las ideas que consideraba justas. Entre 1941 y 1942 vio la luz en dos volúmenes su aclamada obra de no ficción “Cordero negro, halcón gris”, una extensa crónica de viaje y ensayo histórico sobre los Balcanes, que volvería a acaparar la atención lectora muchos años después, tras el conflicto de la antigua Yugoslavia. Luego fue enviada a cubrir el juicio de William Joyce y John Amery, acusados de transmitir propaganda nazi desde Alemania al Reino Unido. El informe, bajo el título “El significado de la traición”, se publicaría en 1947. La teoría de la deslealtad nacional cobraba fuerza con el clarividente ensayo de West, que en 1964, en plena Guerra Fría, tendría una versión revisada y que más tarde divulgó, traducido al español, Reino de Redonda. La autora volvería a la ficción tras asistir como enviada del “New Yorker” a los juicios de Nuremberg.

Entonces nació la historia de la excéntrica familia Aubrey, el padre, la madre, Mary, Rose y la hija mayor, Cordelia, embarcados en una vida que se precipita al vacío. En “La prima Rosamund”, tercera parte de la trilogía que en España ha venido publicando puntualmente Seix Barral, a medida que el brillo de la década de 1920 da paso a la Depresión, Rose y Mary se han convertido en pianistas festejadas y de gran éxito. Pero su felicidad disminuye por el insondable matrimonio de su prima con un hombre grotesco que perciben muy por debajo de ella. A falta de la comprensión intuitiva de Rosamund, los días tranquilos con la tía Lily y los Darcy en su pub en el Támesis ofrecen un respiro de las tensiones de las giras y conciertos en el extranjero. Al acercarse la mediana edad, Rose gana en perspectiva. Sin embargo, todavía aguarda el momento culminante: la exploración de su propia sexualidad.

Dicho esto, y a grandes rasgos, el lector primerizo puede entender que más que una ocupación absorbente lo que ofrece “La prima Rosamund” es simple literatura de evasión poblada de viejos artificios. No es así, lo pueden corroborar quienes hayan leído las dos primeras novelas de la saga, algo que resulta obligado para meterse en esta asombrosa ficción. En la obra de West, abundan los personajes poco convencionales, el humor a raudales, el drama familiar y la pelea constante en la vida por salir a flote. Es un retrato familiar íntimo y elocuente enriquecido por la escritura de una autora reflexiva e inigualable.

La prima Rosamund

Rebecca West

Traducción de Andrés Barba

Seix Barral, 456 páginas, 19,95 euros

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