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música

Hágase la luz

El Cuarteto Quiroga publica un magnífico trabajo discográfico centrado en Mozart y Haydn

Actuación del Cuarteto Quiroga en el Museo Arqueológico de Oviedo. | Miki López

El Cuarteto Quiroga es, sin el menor género de duda, una de las realidades musicales más impactantes, de nuestro país. La agrupación se ha convertido en referencia inexcusable en el ámbito de la música de cámara a nivel europeo y compite en la liga de los grandes nombres por ambición artística, proyecto y capacidad interpretativa. Esta solvencia no ha llegado de golpe y con la habitual prisa que invade el arte de nuestro tiempo. Su capacidad se asienta sobre un sólido cimiento intelectual, una reflexión potente de lo que significa el cuarteto de cuerda en la historia de la música y de lo que tiene, que es mucho, de proyección de futuro. Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio han ido construyendo la vida del cuarteto con la eficacia que da un crecimiento artístico bien armado y basado en la asunción de retos que llevan automáticamente a constantes avances en la configuración del sonido y en las lecturas, siempre renovadas, del repertorio.

Su carrera discográfica está llena de aciertos y apuestas interpretativas que han quedado, que han sido y son sustanciales. Ahora, acaban de editar un nuevo trabajo, “Und es Ward licht!”, centrado en el portentoso legado musical del siglo XVIII y, concretamente, en dos autores esenciales del periodo, W. A. Mozart y J. Haydn.

El siglo XVIII supone un periodo de cambios intensos en Europa. La música no es ajena a las convulsiones sociales que van eclosionando, unas veces de forma paulatina, otras de manera abrupta. Se va transformando el papel de los músicos, de los compositores, y su relación con el público. De los salones aristocráticos cerrados se transita hacia una apertura que llevará a la comercialización de la música permitiendo que los autores vayan adquiriendo una independencia que el mecenazgo constreñía, con sus exigencias y caprichos. Nacerán, más adelante, otras obligaciones. Pero ese tránsito es algo único, un momento que ha quedado como un punto de inflexión en la historia de la música.

De todo ello trata, de una u otra forma, este disco del Quiroga. Comparten programa Haydn (con los cuartetos para cuerdas “en Do mayor, op. 33, número 3, el pájaro” y el “en Do mayor, op. 74, número 1”) y Mozart con el “Cuarteto para cuerdas en Do mayor, K. 465, disonancias” y el “Quinteto para cuerdas en Do mayor, K. 515”, en esta última obra con la colaboración de la violista Veronika Hagen. La ejecución de las obras está definida por lo que ya son señas de identidad del cuarteto: precisión estilística, excelencia y exquisitez interpretativa y una intensidad deslumbrante en cada movimiento que se combina con un sonido cálido y envolvente en pasajes de lirismo preciosista. Aquí, además, hay una declaración de intenciones: la de dejarnos cuatro obras que abren una época, que tienen el fulgor de un nuevo mundo que ya se atisba y que, sin duda, ayudan a definir sentando las bases de una influencia que sería muy gozosamente prolongada en posteriores periodos artísticos. Efectivamente “la luz se hizo” y la tiniebla y la oscuridad quedaron atrás. De esa luz germinó un nuevo mundo para la música. Y todo esto está en estas cuatro obras, en versiones magníficas, con las que el Quiroga firma uno de los empeños discográficos en España de este año que ya va terminando.

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